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Edición testing    23 de enero de 2021

Desde el malecón

Desde el malecón

“Tengo muchas ganas de trabajar con ustedes (…) en la reparación de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba (…) y con nuestros aliados europeos.”

Todavía Joe Biden no se había acomodado del todo en la Casa Blanca, cuando recibió una carta que en otros tiempos hubiera sido de puño y letra además de enviada con el heraldo de mayor velocidad de piernas. El remitente, una persona bien conocedora del caso cubano y, por demás, como pocos senadores gringos, bien mirado por las autoridades de la isla porque en sus múltiples arribos no ha dejado de abogar por el fin del bloqueo.

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La alimentación-desabastecimiento van fundidos en preocupante abrazo.

Cuando faltan pocos días para cumplir un año del inicio de la pesadilla, la Covid-19 ha repuntado con tal e inusitada fuerza en toda la isla, que las autoridades no han tenido otra opción que restringir el movimiento de personas en la capital en horarios de la noche y madrugada además de tomar medidas especiales y restrictivas en algunas provincias.

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El año, según las caracolas, no podrá ser peor.

No hubo ser viviente en la isla que en este despertar del 2021 indagara por la conocida Letra del Año emitida por el alto mando de la religión Yoruba luego de un consenso de carácter nacional. Dentro de tantas desgracias e inconvenientes anunciados para Cuba y el resto del mundo, alegra el consuelo de la puesta en marcha de la vacuna contra la Covid-19 al quedar anunciado “un bien de salud sobre la tierra que proporciona Orunla.”

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Las cuentas, sencillamente, no tenían conciliación y la gente comenzó a mostrar su inconformidad.

A pocos días de terminar el año y dar inicio a un amplio y complejo plan de reordenamiento económico, las autoridades cubanas reconocieron que las nuevas y aprobadas tarifas eléctricas merecían una rebaja sustancial ante una inconformidad popular generalizada.

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Cada día aumentan los partidarios de ese ancestral ritual traído de tierras africanas en épocas coloniales.

Cuando hace algunos años uno de los vaticinios era que iba a rodar una cabeza importante, la gente en la isla comenzó a especular que se trataba de un altísimo cargo. Sus organizadores no tardaron en puntualizar en conferencia de prensa que tales predicciones no eran solo para Cuba, sino que “para el resto del mundo.”

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Ya nadie desea los “cucus”. Le huyen como el diablo a la cruz.

Y como árbitro principal, el euro. El resto de los que impartirán justicia serán el dólar canadiense, la libra esterlina, el peso mexicano y el yuan chino. Se le advierte a la afición que el combate será a tiempo ilimitado y que ambos contendientes han sido advertidos que recibirán penalidades por golpes bajos al sur del ombligo.

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Muchos son los propósitos de este gigantesco plan de reformas.

De uno en fondo, en fila india, a veces en grupo, están compareciendo en la tv casi en frecuencia diaria los ministros para cumplir una doble función ante la opinión pública: explicar y tranquilizar de cara al nuevo panorama que se iniciará a partir de este uno de enero con el reordenamiento monetario y sustanciales modificaciones en la economía y las finanzas.

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Unificación monetaria en marcha a partir del uno de enero y con una tasa cambiaria de un dólar estadounidense por 24 pesos cubanos (Cup).

Con solo unas ocho horas de anticipación, el gobierno cubano logró poner algo más de tensión al día a día al anunciar que una vez concluyera el telediario estelar de la noche, se ofrecería por radio y televisión una “información de especial interés para la población.”

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Ni falta que hacía. Aun siendo hipotéticamente invitado porque sin ser poeta ni pretenderlo, escribí un pésimo poema de amor bélico en la envoltura de una cajetilla de cigarros Habana 68 en el desierto de Ogaden, a la débil luz de un equipo de exploración en plena guerra de Etiopía, y que la revista Verde Olivo, del ejército, me hizo el favor de comentar y alentarme, hubiera declinado de la manera más decente posible la invitación con el ruego de que mi lugar lo ocupase un joven.

“Grillos del Ogaden, como ustedes, lanzaremos hoy nuestro grito de guerra”, decía en alguna parte, que todavía no hay fallos en la memoria.

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No hay esperanzas ahora mismo para que el año termine con ese tradicional relajamiento de tensiones y votos de buenos augurios.

Muy a pesar de las temperaturas invernales, en la que sale un frente frío por la región oriental y por la occidental entra otro, el termómetro político-social va marcando cierta destemplanza en camino a un estado febril que, para decirlo en el actual lenguaje epidemiológico, es poco autóctono y sí importado con grandes dosis desde territorio norteamericano.

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Un nuevo deshielo no será la solución, pero sí un respiro ante tantas tensiones trumpistas.

Alejandro Mayorkas tenía a duras penas un año cuando sus padres decidieron poner pies en polvorosa y partir en 1960 desde La Habana hacia Los Ángeles, EEUU. Cincuenta y cinco años después, bajo el gobierno de Barack Obama, Mayorkas regresó en noviembre de 2015 como subsecretario de Seguridad Nacional y logró en tres días poco más de veinte acuerdos con el gobierno de Raúl Castro vinculados a relaciones exteriores, aduana y transporte.

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Cuando todo parecía languidecer, el rebrote es de cuidado.

Mírese como se mire, desde cualquier ángulo o altura, la apertura total de todos los aeropuertos internacionales de la isla y la consiguiente llegada de visitantes, principalmente cubanos residentes en el exterior, ha provocado un nuevo y peligroso panorama en la larga historia del virus.

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Tiempos muy difíciles son los que se avecinan con esta reforma monetaria y otros cambios en la economía.

Jugada más que cantada, que hasta un ciego al palpar el billete comprueba que se trata de una moneda extranjera, vigorosa y dispuesta a hacer su quehacer legal e ilegal lo mismo en la ciudad capital que en un pueblito perdido entre las montañas orientales.

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Como nunca antes, el interés por las elecciones en EEUU ha cobrado mayor fuerza.

Esa facultad de observar con un ángulo de visión de 180 grados por cada ojo, a diestra y siniestra, se lo escuché decir por primera y última vez, a mi amigo abogado español Gregorio Arroyo cuando en su viaje a la isla el equipaje salía indistintamente por dos esteras del aeropuerto habanero. Confirmaba entonces que sólo los pollos podían estar atentos a tal operación.

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Humanes logró entablar una fraternal relación con personalidades de primer nivel en Cuba.

En Cuba, no pocos le conocieron; en España, supieron de él casi todos los interesados y ocupados en temas de bolsa, finanzas y economía. Sentía por la isla una pasión ilimitada. A tal extremo, que parte de sus cenizas reposan hoy en un jardín habanero en la más absoluta tranquilidad, sin bullicio alguno en los alrededores y bajo la mirada ocasional de una sola persona.