“Somos héroes cuando fallecemos, pero poco profesionales si pedimos mejoras en nuestras condiciones laborales”

Enfermeros y médicos se unen a los aplausos a los trabajadores sanitarios
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El 2020 ha supuesto un antes y un después en la vida del personal sanitario, que ha tenido que enfrentarse a la pandemia del coronavirus en primera línea, sin muchas veces el equipo necesario. Después de unos meses de constante trabajo para frenar cada nueva ola del covid-19, se muestran hastiados de la situación y denuncian que se utiliza su vocación para no mejorar sus condiciones laborales.

“Actualmente tenemos unas condiciones laborales penosas y se está justificando de cara a la población mediante nuestra motivación y vocación”, comenta la enfermera Almudena Rodríguez. “Está bien que el personal sanitario tenga estas características, pero sigue siendo un trabajo como cualquier otro y se quieren unas condiciones dignas”, prosigue.

Para el presidente de la Asociación MIR España y MIR de tercer año, Luis Tejedor, esto no es nada nuevo: “Siempre se ha explotado al personal sanitario desde las administraciones”. Además, Tejedor considera que no es la misma vocación la que puede tener un médico o enfermera a la de otro funcionario.

“Apelar a la vocación es una trampa”, explica Óscar Rodríguez de SUMMA 112 y delegado sindical de la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid. “No hemos visto mejorar nuestras condiciones laborales, han ido a peor. Y saben que al final cuando ves al paciente, es tu paciente, y va dentro de tu ADN, que le tienes que curar”, continua.

En este sentido, Luis Tejedor se encuentra de acuerdo con su compañero: “Evidentemente ante una situación de necesidad, los médicos somos los primeros en dar un paso hacia delante y de dar el 100%”. Tejedor considera que las distintas consejerías de sanidad se aprovechan de esta actitud y predisposición.

“Somos héroes cuando fallecemos, pero poco profesionales si pedimos mejoras en nuestras condiciones laborales”, detalla una enfermera madrileña, que prefiere mantenerse anónima. Para ella, si nada cambia, los sanitarios acabaran “quemados”. “Está aumentando la incidencia de enfermedades mentales como la depresión y la ansiedad en el sector. Tengo compañeros que no han podido lidiar más con la situación y han cogido bajas por estas enfermedades”, concreta.

Además, recuerda los momentos límites que han llevado a esta sensación en el personal sanitario: “Hemos vivido tener que decidir quién baja a una UCI para intentar salir adelante gracias a un respirador, y quién, por desgracia, no podía optar a ello por falta de recursos. Esto ha sido así, duro, cruel, pero no había alternativas”.

En el centro en el que trabaja el MIR Luis Tejedor también están aumentando este tipo de enfermedades entre el personal del hospital. “Muchos están acudiendo a servicios de salud mental de los hospitales, a lo que antes no iban”, detalla: “Hemos visto mucho sufrimiento y muchos médicos que por sus especialidades, igual no estaban acostumbrados a trabajar con pacientes que tenían desenlaces fatales y ahora se están viendo obligados a ello”.

Además de la pandemia, los sanitarios se ven afectados por las condiciones laborales de su sector, que según ellos, han ido a peor con el coronavirus. Luis Tejedor destaca que existe una gran temporalidad en los hospitales. “Hay gente que un día trabaja en un centro de salud en Parla y al día siguiente se le acaba su contrato y tiene que irse a un centro de Pozuelo”, comenta. Para él, a esto se suma la falta de salarios dignos y el pago de las horas extra, que muchas veces no llega.

“Y luego los MIR, al final estamos contratados, no solo para trabajar, si no para formarnos como especialistas, cada uno en su campo. Con la llegada del coronavirus la formación se paralizó y se ha perdido ese tiempo, aunque se han ganado otras aptitudes”, explica este MIR de tercer año. Tejedor pide que se les deje de usar de mano de obra barata: “Hay que tener claro que nuestra presencia en los hospitales es para formarnos y no para parchear carencias del sistema”.

Por último, la enfermera madrileña añade a esto el miedo a un posible traslado. “En mi caso, son tres las compañeras que este mes han movido de hospital de manera forzosa bajo amenaza de sanción de un año sin trabajar en cualquier centro de la Comunidad de Madrid”, denuncia. “Se han dejado sus tres puestos sin cubrir, a pesar de que mantenemos la misma carga de trabajo, que ahora tenemos que repartir entre menos personal”, concluye.

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