Embalse bajo de agua | Foto de Servimedia
El pulso del agua embalsada se debilita a medida que avanza el otoño. La reducción de aportes en el oeste peninsular y la irregularidad de las lluvias dejan un panorama con fuertes contrastes entre cuencas. Aunque el nivel actual supera al de hace un año y a la media de la última década, la tendencia descendente obliga a reforzar la gestión del agua y el ahorro en los meses próximos.
El volumen embalsado baja a 30.337 hm³, lo que representa el 54,1% de la capacidad nacional. La caída semanal es de 490 hm³ (–0,9%).
El nivel nacional sigue por encima del de hace un año y de la media de la década
En comparación con el mismo periodo del año anterior, las reservas suman 3.564 hm³ más, y 5.603 hm³ adicionales respecto a la media de los últimos diez años. Diez de las 16 cuencas se mantienen por encima del 54% y siete superan el 61% de su capacidad.
El descenso es generalizado, con solo dos excepciones: Júcar, que gana 0,1%, y las cuencas internas del País Vasco, que repiten el mismo nivel que la semana anterior.
Entre los retrocesos más notables destacan Tinto, Odiel y Piedras (–1,8%), Cantábrico Oriental (–1,4%), Duero (–1,4%), Tajo (–1,3%) y Cantábrico Occidental (–1,1%). También bajan Galicia Costa (–0,8%), Guadalete-Barbate (–0,6%), Ebro (–0,6%), Mediterránea Andaluza (–0,5%), Segura (–0,5%), Guadalquivir (–0,4%), Guadiana (–0,2%) y cuencas internas de Cataluña (–0,1%).
Durante la última semana, las precipitaciones se concentraron en la vertiente mediterránea, mientras que la atlántica apenas recibió aportes. La precipitación máxima se registró en Alicante, con 70,6 litros por metro cuadrado, un dato destacado frente al resto del país.
Las lluvias del Mediterráneo no compensan la falta de aportes en el oeste peninsular
El déficit pluviométrico en el noroeste impidió mejorar la situación de los embalses más grandes del país, especialmente en las cuencas del Duero, el Tajo y el Miño-Sil, que dependen directamente de las lluvias atlánticas.
La racha de 19 semanas consecutivas de caídas se enmarca en un patrón climático cada vez más irregular, con veranos secos prolongados y lluvias intensas pero muy localizadas.
La gestión eficiente del agua y la modernización de los sistemas de riego y distribución aparecen como prioridades. Los especialistas apuntan a reforzar la cooperación entre administraciones y fomentar infraestructuras que permitan almacenar más agua en periodos de abundancia para afrontar los meses secos.
| Indicador | Valor |
|---|---|
| Volumen embalsado | 30.337 hm³ |
| Porcentaje sobre capacidad total | 54,1% |
| Variación semanal | –490 hm³ (–0,9%) |
| Diferencia vs. año anterior | +3.564 hm³ |
| Diferencia vs. media 10 años | +5.603 hm³ |
| Cuenca | Variación semanal | Comentario |
|---|---|---|
| Miño-Sil | –3,4% | Mayor caída relativa |
| Tinto-Odiel-Piedras | –1,8% | Descenso significativo |
| Duero | –1,4% | Pérdida notable |
| Tajo | –1,3% | En línea con el promedio nacional |
| Júcar | +0,1% | Única cuenca con leve ganancia |
| Internas País Vasco | +0,1% | Mantiene nivel estable |
El 54,1% actual y la prolongación de 19 semanas de descensos definen una tendencia que preocupa a los gestores del agua. Aunque los embalses conservan un nivel superior al del año pasado y al promedio decenal, la sequía estructural y la irregularidad de las lluvias refuerzan la urgencia de avanzar hacia un modelo más eficiente y sostenible de gestión hídrica.
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