Bandera de Cuba
Por varias generaciones quedó la canción donde el eterno perseguidor del Zorro “enmascarado y fugitivo”, ordenaba el socorrido “Cállate soldao, pa que no cunda el pánico”. Cerrar la boca para evitar problemas. Prendió tanto, que lo advertían hasta en una reunión familiar, sindical o de vecinos.
Tal parece que la orden ha cobrado vigencia, que a falta de decirnos las verdades por muy crudas que sean, la orden de estricto cumplimiento es, además, erradicar las palabras “situación crítica” y evitar que la gente se preocupe y altere más de la cuenta con el actual panorama que ya es bastante inquietante e incierto.
Continuamos a golpe de consignas balsámicas que han perdido su efectividad. Un grave problema sin solución tiene la mayoría de los dirigentes partidistas o de gobierno: la credibilidad. Contadas excepciones hay. Desde la sureña y central provincia de Cienfuegos me ha llegado por fuente confiable, que sin pelos en la lengua se ha expuesto la situación presente y futura que se debe enfrentar.
No difieren mucho los discursos de nuestro cura parroquial con esos oficiales desde la base hasta la cima. Ambos llevan una luz, una imagen prometedora un tanto idílica. Fe, esperanza y caridad. Y lo del futuro luminoso es como los misiles, lo mismo para uso en tierra que para el cielo.
Con sermones y no soluciones audaces no llegaremos muy lejos.
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