¿Pagar a los bancos por fusionarse? El experimento de Japón que gusta a los banqueros españoles

Banco de Japón
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La banca se ha embarcado en un nuevo baile de fusiones para afrontar con más garantías la crisis económica derivada de la pandemia. Sin embargo, la abrumadora mayoría de los procesos -como los numerosos anunciados en España- se circunscriben a los territorios nacionales a pesar de las presiones del Banco Central Europeo (BCE) para que se produzcan operaciones transfronterizas. En este entorno algunas voces plantean que el supervisor siga el ejemplo de Japón, donde se está incentivando la consolidación con dinero contante y sonante.

En concreto, la semana pasada el Banco de Japón (BoJ) anunció que eximirá a los bancos regionales de los tipos negativos en la facilidad de depósito si aceptan fusiones o medidas de reducción de costes. Las entidades con planes de reestructuración aprobados podrán ganar un 0,1% adicional de interés sobre sus depósitos en el BoJ, un incentivo que podría valer miles de millones de yenes.

El nuevo esquema, anunciado como una decisión de política prudencial fuera del ciclo habitual de reuniones de política monetaria, destaca el temor del supervisor sobre la rentabilidad de la banca, en un entorno marcado, al igual que en Europa, por unos tipos de interés negativos y el envejecimiento de la población.

“La rentabilidad de las instituciones financieras a través de las actividades nacionales de captación de depósitos y préstamos ha seguido disminuyendo”, dijo el BoJ, advirtiendo que los bancos regionales podrían tener dificultades para mantener su papel como prestamistas si su capital o rentabilidad cayeran demasiado.

“El Banco espera que muchas instituciones financieras regionales hagan uso de esta facilidad, que contribuirá a fortalecer el funcionamiento de la intermediación financiera en las economías regionales y garantizar la estabilidad del sistema financiero”.

Las entidades podrán obtener la tasa de interés adicional de dos formas. Su primera opción es alcanzar un objetivo de reducción de gastos generales. Por ejemplo, un banco regional tendría que recortar sus gastos generales en un 4% en el año hasta marzo de 2022 y un 6% en el año hasta marzo de 2023. La segunda opción es acordar una fusión o integración comercial con otro banco y que el BoJ apruebe el plan comercial. El plan se ejecutará durante los próximos tres años.

La medida es como poco inusual y heterodoxa, y de hecho necesitará de la aprobación del Gobierno nipón, pero parece que el camino está despejado: Yoshihide Suga, el nuevo primer ministro, declaró recientemente que el país tenía “demasiados bancos regionales”.

Aunque es poco probable que algo así pudiese llega a Europa, al menos de momento, no han faltado voces que apunten a esta alternativa si el BCE de verdad quiere incentivar las fusiones. En un reciente Encuentro Financiero organizado por Deloitte, Sociedad de Tasación y ABC, el consejero delegado de Bankia, José Sevilla, se hizo eco de este movimiento.

El Banco de Japón “está dispuesto a pagar a los bancos para que se consoliden, ofreciendo una prima de 10 puntos básicos en la facilidad de depósito a aquellos que apuesten por la consolidación”, valoró Sevilla, mientras que en el viejo continente “para una consolidación europea, que implicaría que de verdad tenemos bancos europeos, queda un poco, porque requiere abrir las fronteras europeas de la banca”.

“El mercado único no es tan único”, abundó el consejero delegado de Banco Santander, José Antonio Álvarez, ya que “no tenemos un fondo de garantía común”, el mercado de capitales “es embrionario y no acaba de funcionar” y “desde el punto de vista regulatorio “se favorece a los bancos pequeños y penaliza a los grandes”.