La contrastada vía diplomática del deporte y la cultura

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Diez meses después de que la Casa Blanca haya cambiado de inquilino y, a pesar de las expectativas despertadas por la llegada de Obama a Washington, no podría decirse que se hayan producido avances significativos en las relaciones entre EEUU y Cuba. Es cierto que se han eliminado algunas órdenes presidenciales emitidas por Bush que tensaban el embargo y se ha regresado así a una situación similar a la que se vivió en los años de Bill Clinton en el poder. Pero no parece haber pasado nada más. ¿O quizá sí?

Las pocas novedades reseñables, pero de importancia, vienen del mundo de esa diplomacia amable relacionada con cultura y deporte que tan buenos resultados ha dado siempre para romper el hielo. En sólo tres semanas se ha celebrado en La Habana un macroconcierto por la Paz que ha reunido a un millón de personas felices con lo mejor del pop latino y, en su celebración de aniversario, la Oficina de Intereses de EEUU ha evitado invitar a los disidentes habituales para agasajar a personalidades de la cultura.

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