España parece que destruye empleo y al ministro sólo se le ocurre desempolvar el santoral. El jueves se ha presentado como un día triste y más bien gris que ha ido cobrando cierto brillo yonqui conforme avanzaban las horas. Si España se levantaba a primera hora con los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) reconociendo que el país sí destruye empleo, se ha ido a echar la siesta con la tranquilidad de contar con un ministro del Interior, Fernández Díaz, que se ha encomendado a Santa Teresa de Jesús en estos “tiempos recios”.
Ése ha sido el deseo –y más vale deseo que no afirmación, como ya sucedió con aquello del muro de Berlín y la Virgen de Fátima- del ministro, señores. Que Santa Teresa nos acoja porque, por lo visto, este sacro gobierno no puede hacerlo.
A mi jefe estas cosas le molestan y no logra pillar su humor. Dice que el Gobierno se dedica a lanzar genialidades dignas de Community Manager en conferencias y eventos de todo tipo para luego terminar desempolvando el santoral cuando llega la cruda y fría realidad; o sea, las cifras. Y es triste, dice, que la situación sea ésta. Porque Fernández Díaz no deja de ser el ministro de Interior de España y es en España, amigos y amigas, donde nos encontramos la mayoría de nosotros. A la merced de sus desayunos alucinógenos.







