A mi jefe le ha resultado espectacular, por lo curioso, el discurso de inicio del curso político pronunciado hoy por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Al menos, según la versión sobre el asunto que se publicaba en los medios de comunicación.
Esa tranquilidad con la que, aparentemente, ha asegurado a los suyos que “todo lo que tenían que decir lo habían dicho ya” y con la que les ha animado a “no polemizar por los embustes y calumnias” relacionados con las revelaciones del extesorero y a centrarse en la lucha contra la crisis y los logros económicos, mantiene entre sorprendido e indignado a quien me paga.
En su opinión, esa actitud del presidente del Gobierno que parece dar a entender que nada lo que se relaciona con el caso Bárcenas tiene que ve con él o con el PP, sólo ofrece dos posibles análisis. O se trata de un marciano que vive en permanente estado de alucinación o, simplemente, estamos ante un ‘caradura’.
Además, según mi jefe, una vez más el PP demuestra sin problemas que tiene dos varas de medir. Pide elecciones anticipadas en Andalucía, por el caso de los ‘Eres’ y la salida de Griñán. Y olvida, sin ir más lejos, que en Madrid, no se le ha ocurrido llamar a los ciudadanos a las urnas cuando se produjeron las sustituciones de Esperanza Aguirre por Ignacio González y de Ruiz Gallardón por Ana Botella.
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Rajoy: entre ‘marciano’ y ‘caradura’
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