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Perdimos el tren

No se sabe bien lo que pasa entre RENFE y el Ministerio de Fomento pero para hacerse una idea se suprimen trayectos de corta y media distancia que afectan a casi un millón de personas. Si tiene usted la fea costumbre de desplazarse dentro de su comarca a estudiar, pongamos por caso, se le ha acabado esa “vía”. A efectos de trayecto sale más a cuenta matricularse en Barcelona y vivir en Sevilla que coger el cercanías de Huelva, por ejemplo. La apuesta son las líneas de alta velocidad que es dónde se pueden hacer la foto las autoridades, en cambio en las viejas pedanías solo son famosos los gatos que cruzan la vía con parsimonia porque tienen asimilado el horario del mercancías, (de hecho no hay paso con barrera para gatos y tampoco se conoce que muchos de ellos hayan sido arrollados por un tren).

La excusa es que algunos tramos salen deficitarios, también nos salió así el AVE Madrid a Sevilla pero por culpa de las comisiones que se tuvieron que pagar. Fue rentable muchos años después de lo previsto, hizo falta transportar a un montón de guiris en Turista para compensar el robo que habían hecho los que presumen de ir siempre en Club. Y contra esta medida de recorte cabe poca opción, ni siquiera llamar a Corinna porque ella está para llevar el AVE a La Meca y no para preocuparse por lo que les pueda pasar a unos señores que sacan billete de cercanías.

La moda ha sido convertir las viejas estaciones del ferrocarril de vía estrecha en casas rurales y adecuar el terreno para hacer rutas en bicicleta. El resultado será que tendremos menos trenes pero mayor presencia en el medallero de los campeonatos de mountain-bike.

Si reivindicas el tren de siempre, aquel que cumplía con su horario con rigurosa familiaridad, dirán que estás en contra del progreso que viene tirado por máquinas que van a 300 Km/h; casi te pueden catalogar entre los nostálgicos de la carbonilla. Pero no es tanto crear una plataforma para que regrese el Tren de la Fresa si no preguntarnos por esos viajeros que han perdido el tren para siempre y que no tienen otra manera de salir de su pequeño pueblo para trabajar o estudiar. Eso me temo que no lo va a responder Ana Pastor, dirán que cada cual se las apañe como pueda y veremos bicicletas y caminantes pegados a las cunetas de las estrechas carreteras.

Cuando te quitan un tren es como cuando pierdes el corazón en una ruleta, quedas sentenciado a nostalgia de reloj de estación vacía. Contra esa sentencia no cabe recurso.

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Perdimos el tren

Rafael Martínez-Simancas

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Rafael Martínez-Simancas
Etiquetas: Opinión

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