No queríamos volver a preguntarle al jefe sobre Italia, porque ayer ya lo hicimos y todos sabemos lo mal que le sienta que le pregunten varias veces seguidas sobre temas ajenos a la inmediata realidad española. No obstante hemos tenido que lanzarnos a la piscina porque Mario Monti ha acudido a Bruselas a sacarle los colores a Merkel.
El tipo, previa reflexión ya vaticinada sobre por qué demonios siempre le preguntamos por Italia, nos ha contestado que lo de Monti está muy bien, pero que quizá llegue con algo de retraso. Sobre todo teniendo en cuenta que el tipo está donde está (o ha estado donde ha estado) gracias a la Troika.
Lo que le ha dicho el tecnócrata a la canciller alemana es que sus reformas y sus recortes pueden ser necesarios, pero que tiene que quitar el pie del acelerador. Que la gente necesita respirar y, sobre todo, ver que también sus sacrificios obtienen sus frutos. Vamos, que se ha quejado de los tiempos impuestos. Lo mismo de lo que se queja mi jefe con él: tenía que haber hablado antes.
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A Monti se le esperaba antes
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