¿Cuántas veces llamará el cartero a la puerta del PP?

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A los aficionados a la novela negra, o al cine del mismo género, no les extrañará demasiado lo que le ha sucedido al ex tesorero del PP Luis Bárcenas. Ya saben, como decía ese notable escritor llamado James M. Cain, que 'el cartero siempre llama dos veces'.
 
Es de suponer, por lo tanto, que ni en Génova ni en Moncloa, haya demasiados adictos a las ficciones policiales y tal vez por eso, por esa falta de cultura literaria y cinematográfica, los fontaneros del PP creyeron tenerlo todo bajo control cuando, a pesar de ciertas evidencias que generaban incertidumbre, la justicia decidió archivar en un primer momento el caso contra Bárcenas. 
 
Sin embargo, la realidad acaba de demostrarles su lamentable error. Quizá debieron  prestar más atención a lo que les sucedía a Lana Turner, en blanco y negro, o a Jessica Lange, ya en technicolor, cuando la tenacidad de los representantes de la ley ponía al descubierto los crímenes del pasado. No conviene relajarse con 'cadáveres' en el armario.
 
Ahora, tres años después, otro tenaz funcionario público, en este caso el juez Pablo Ruz, ha ejercido de cartero. Y tal y como están las cosas no parece probable que los principales responsables del partido puedan salir indemnes del descubrimiento de las cuentas ocultas que el antiguo tesorero del PP tenía en Suiza, y en las que llegó a ocultar hasta 22 millones de euros. Hasta la propia Esperanza Aguirre ha tenido que reconocer que resultaba raro que 'nadie supiera nada en Génova', de lo que estaba pasando.
 
Cierto que también resulta raro que ella, precisamente ella, se reivindique ahora, cuando sus compañeros de la dirección nacional parecen amortizados y sepultados por ese mar de sobres de dinero negro cuya existencia a nadie le consta, pero que a lo mejor 'haberlos, húbolos' cómo esas dicen de las 'meigas' los paisanos de Mariano Rajoy. Ella que ha colocado en la presidencia a un tal Ignacio González, quién quizá tenga muchas cosas que explicar también en seda judicial más pronto que tarde.