Madrileña y militante del PP desde hace siglos, la actitud distante y elusiva de la ministra de Sanidad, Ana Mato, en la batalla sanitaria de la comunidad autónoma presidida por Ignacio González, molesta en algunas agrupaciones del partido en la capital.
Primero porque muchos esperan de Mato, a quien se supone cercana a Aznar, una defensa mucho más decidida de Ana Botella en su pugna con los restos del aguirrismo en este y otros temas.
Segundo porque forma parte de un gobierno cuyo modelo no es el del euro por receta, según dijo la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría y, sin embargo, no ha conseguido que sus propios correligionarios respeten este principio.
Finalmente, muchos se preguntan sobre la utilidad real de este ministerio que, en plena oleada de recortes, y con la mayoría de las comunidades autónomas gobernadas por el PP no consigue establecer criterios homogéneos.
Hay hasta militantes que empiezan a decir en voz alta que Trinidad Jiménez fue mucho mejor ministra. Al fín y al cabo, ella tuvo que lidiar con un montón de consejeros del partido de la oposición y dio siempre la cara.







