Opinión

La cárcel de papel

Cada uno elige los jardines que pisa y la manera en la que entra en ellos, el que ha elegido Cristóbal Montoro es un jardín que acaba en cárcel para los políticos manirrotos. La idea es que aquellos gestores públicos que se endeuden “hasta las trancas” lo paguen con una bola atada al tobillo.

Ahora bien: ¿Alguien se imagina a algún político conocido en la trena por tal circunstancia? Salga del jardín señor ministro porque me parece que esta vez se ha metido en un lío.
En la esencia del político está gastar por encima de sus posibilidades, maquillar las cuentas y hacer todo tipo de zalagardas para encubrir sus cuentas. El político tira al gasto igual que la cabra tiende a subir la cuesta que lleva al pinar.

En todo caso podría el ministro meter a algunos en la cárcel de papel que tenía “La Codorniz” y echar unas risas a cuenta de los que inauguran aeropuertos sin aviones, o los que se hacen palacios-despacho, o los que se han gastado en mármol lo que su comunidad tenía para bocadillos. Pero anunciar una acción penal para manirrotos de las arcas públicas puede quedar en nada y menos.

Ocurrirá que los malos gestores le echarán la culpa al pasado, a quienes estuvieron antes. Otra de las características de la política es que no hay nada como un cambio en la alternancia del poder para endosarle la culpa a otro. A veces parece que más que leer a Maquiavelo algunos han estudiado en un taller de chapa y pintura donde se aprende a despotricar lo mal que hacen las cosa los otros.

Esa cárcel de Montoro va a tener menos residentes que viajeros el aeropuerto de Castellón.

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