El periodismo y las leyes físicas

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Miguel Ángel Aguilar lleva mucho tiempo derrochando talento, imaginación y hasta sentido común entreverado con ironías variadas en tertulias, debates, artículos, conferencias y hasta en homilías si le facilitasen púlpitos. Sus reflexiones, observaciones y conclusiones suelen despertar sorpresa, admiración y sonrisas, pero nunca dejan indiferentes a quienes le escuchan.

Algunas de sus tesis crearon escuela y muchos las repetimos sin abonar derechos de autor.
Ahora, quizás en un loable intento por sacarnos del sopor del verano, Miguel Ángel ha vencido en la lucha contra el tiempo — del que siempre anda escaso — y ha puesto varias de estas ideas y conclusiones en un libro que si no se tratase del libro del libro de un autor amigo yo vencería la envidia y el pudor y lo calificaría simple y llanamente de interesante y delicioso. Se lee muy bien, descubriéndonos ideas nuevas en cada página, y disfrutando de una literatura presidida por el conocimiento y el buen humor.

El título, «Sobre las leyes de la Física y la Información» (Editorial Espasa), engloba dos materias que a primera vista poco o nada tienen en común. Pero eso es sólo a primera vista. En el análisis perspicaz que desarrolla Aguilar, experto en ambas cuestiones gracias a su doble condición académica de físico y periodista, se demuestra lo contrario. Concluye con la demostrada afirmación de que se aplican «al hecho informativo leyes propias de las ciencias físicas».

Empezando, sí, por la Ley de la gravitación informativa, pasando por la temperatura, el magnetismo, la oxidación de los metales, la velocidad de la luz, o… la simple acústica de los aplausos, un indicador que Miguel Ángel descubrió y utilizó como revelador de estados de opinión cuando otras apreciaciones rayanas con la política eran inimaginables y hasta peligrosos. El libro, ingenioso y brillante, es una excelente lectura para mantener alto el ánimo entre las preocupaciones que crea la crisis.

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