Opinión

La OEA ha adquirido un inesperado protagonismo

Cuando el chileno José Miguel Insulza se convirtió en el presidente de turno de la Organización de Estados Americanos (OEA) esta institución supranacional, excluyente y aletargada por ocho años de liderazgo en Washington de George Bush parecía más cerca de desaparecer que de revitalizarse. Pero la victoria electoral de Barack Obama ha revivido al presunto cádaver. A la nueva administración estadounidense, la OEA parece servirle para muchas cosas. Por ejemplo, para fundirse con los otros estados del continente en posturas comunes ante problemas compartidos, sea el golpe de estado de Honduras, o la posible integración de Cuba en organización.

Lamentablemente para Raúl Castro. Los acontecimientos parecen demostrar que la obsolescencia es sobre todo un asunto de los regímenes de corte dictatorial, con partido único, y congreso obediente. Algo como lo que existe aún en la Isla, y también similar a lo que impulsan en Honduras los protagonistas, civiles y militares, de un golpe de estado, muy parecido al que fracasó en Venezuela, por cierto.

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