Aunque las tozudas evidencias numéricas demuestren lo contrario, los lugares comunes tienen una capacidad de sobrevivir más que espectacular. Una categoría en la que se encuentra, por ejemplo, ese análisis puramente superficial que considera que los ciudadanos alemanes son las laboriosas hormigas de la fábula y los europeos del sur (griegos, españoles e italianos) son las cigarras que viven sin dar golpe.
Este cuentecillo de corte racistón es uno de esos tópicos resistentes en el tiempo y su supervivencia empieza a resultar peligrosa para el euro y la integración europea por culpa de la manía de la clase política de considerar a su país como el ejemplo que los europeos debería seguir.
Sin embargo, no resulta fácil entender que en una nación que consigue espectaculares cifras de crecimiento en plena crisis y ha derrotado el paro, los ciudadanos voten contra el Gobierno. Y, eso justamente es lo que ha sucedido en todas las elecciones locales que se han celebrado a lo largo de este año.







