La hermana

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Aquellos que prefieren el juego por encima del resultado, (y no me refiero al fútbol), dieron por acabada la boda del príncipe Guillermo con la princesa Catalina en cuánto apareció la hermana llevando la cola de la novia. El resultado estaba cantado: iba a ser un “sí quiero” en el altar, pero aquella demostración de exuberancia contenida era soberbia.

Después nos hemos enterado de que la chiquilla viste de Zara, lo cuál da mucho más juego para su leyenda. Si los que fabrican souvenirs para la ocasión lo hubieran llegado a saber seguro que habrían optado por más recuerdos de Pippa y menos de la hermana. Unos están encaminados a hacer historia en un balcón de Buckingham y otras están llamadas para el camino de la gloria. En adelante Pippa ocupará un lugar destacado en la crónica social tan huérfana de princesas pero tan sobrada de truhanes y pelandruscas de la silicona que han estudiado interpretación por un método de nombre ruso pero con escaso resultado.

Pippa es el banderín de enganche de la monarquía moderna, la mujer que justifica una homilía de obispo, el canto de un coro infantil y hasta que te toque al lado de Elton John y su marido que tienen pinta de poco sociables salvo que les preguntes qué tal hace la digestión su niño. Conversar acerca de los bifidus acerca mucho.

Todo eso, y mucho más, es esta mujer bandera que hemos descubierto por ir a misa, televisada y a gran distancia. Lo que se conoce por una gloria británica. Lo siento, Camila, alguien tenía que decirlo.