Desde hace algunos días, llama la atención en los ambientes diplomáticos de La Habana la creciente inquietud que se detecta en algunos sectores próximos a los servicios de inteligencia cubanos ante algunos fenómenos, en principio, de tono menor. Por ejemplo, el hecho de que un buen número de ciudadanos del país haya decidido no pagar las multas y no abonar tampoco los plazos correspondientes a los electrodomésticos chinos que recibieron hace un lustro, dentro de una campaña de ahorro energético promocionada por Fidel Castro, cuando aún estaba al mando.
En estos ambientes, hay quién califica de exageradas algunas interpretaciones que encuentran en esta ola de impagos el posible germen de una insurrección popular desordenada. Por aquello de que si no cobro lo suficiente, y no tengo asegurado el puesto de trabajo, las ollas arroceras que las pague otro. Exageradas, o no, una cosa es cierta, hace cinco años, con el mayor de los Castro en la presidencia esto no habría pasado.







