Si hay algo que tenemos que tener claro la mayoría de los mortales es que la suerte es caprichosa y que, como decía mi abuela, uno se muere cuando le llega su hora. Si no que se le pregunten al chico neozelandés de 15 años que ha sobrevivido a una caída desde 16 pisos de altura desde el balcón del apartamento de sus padres. El adolescente, que puede considerarse una de las personas más afortunadas del mundo, cayó más de 50 metros y sólo se rompió una muñeca y varias costillas, además de sufrir lesiones en las piernas, pero los médicos creen que podrá recibir el alta esta semana, dado que el impacto fue amortiguado por el techo del aparcamiento. Y si este joven puede decir bien alto que ha nacido dos veces, lo mismo le ha ocurrido a una presentadora de la televisión taiwanesa, que estuvo a punto de perder la vida por un suceso que a la mayoría de las personas les suele provocar sólo repugnancia o en el peor de los casos una leve molestia, como es que se le meta un mosquito en la boca. Sin embargo esta periodista tuvo que ser hospitalizada y se debió interrumpir la emisión del informativo debido a que el insecto se introdujo en su tráquea y le provocó un cuadro de asma agudo.
Y si morir atragantado con un mosquito, y además en directo, resulta casi increíble también lo es que un bebé fallezca ahogado durante su bautizo porque el sacerdote no cubrió su boca al introducirle en la pila bautismal. Según la autopsia, el niño tenía agua en sus pulmones. Espeluznante.







