Las matemáticas sirven para muchas cosas, sin duda. Aunque su exactitud como lenguaje no las exime del uso que alguien pueda hacer de ellas para demostrar justamente lo mismo y lo contrario. En los lejanos, pero no tan pasados, tiempos de las burbujas financieras, por ejemplo, algunos premio Nóbel de triste recuerdo usaron las cifras para demostrar que existían modelos capaces de terminar para siempre con el riesgo financiero.
No bastó un fracaso para que su rastro desapareciera y, quizá, en poco tiempo veamos otra reaparición. Entonces acumular deuda sobre insólitos colaterales era lo correcto. Ahora, sin embargo, algunos diseñadores de productos o climas de la misma escuela inventan fórmulas para demostrar que el aumento de la deuda pública produce decrecimientos del PIB. Y piden la supresión de los estímulos.







