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19.400 millones de razones

¿Sabremos aprovechar el cambio de política económica en la Eurozona cuando se produzca? La oficina federal estadística ha hecho pública su estimación sobre el balance de las cuentas públicas alemanas para el año 2015. Ha anunciado un superávit de 19.400 millones de euros, equivalente al 0,6% del producto interior bruto. El superávit público alemán que se ha anunciado no tiene precedentes recientes.

En los dos últimos años el gobierno alemán ha acumulado un excedente de 28.300 millones de euros, un ahorro que previsiblemente le permitirá reducir su deuda en 6 puntos porcentuales hasta situarlo por debajo del 72% de su PIB.

Alemania impulsa una política fiscal de carácter restrictivo pese a la desaceleración de su crecimiento económico, los tipos de interés bajo cero y el descenso apreciable de su comercio exterior. Y aunque la confianza empresarial en el país teutón retrocede sensiblemente y las expectativas empeoran para la mayoría, la política económica continúa sustentada en una obstinación obcecada en la reducción de la deuda exterior. Económicamente, vivimos en una era de expectativas y ambiciones limitadas.

Difícil es encontrar mejor ejemplo de los problemas que genera la ausencia de instrumentos de gestión de crisis en la eurozona y de los efectos de la interdependencia económica. Mucho aliviaría no sólo a sus socios endeudados sino a sus propios conciudadanos un estímulo fiscal o inversor que fomentara tanto el consumo interno y la acumulación de capital en el país como también, por la vía del comercio exterior, las oportunidades de exportación de sus socios europeos. Por no hablar de lo que representaría la inversión directa de dicho excedente en las economías con graves deficiencias en infraestructuras sociales, digitales o relacionadas con la energía, el transporte o el medio ambiente.

Sin ir más lejos, en España. Informes recientes de la consultora norteamericana ATKearney nos muestran como, una vez ajustados los valores a las diferencias en superficie y población, la inversión pública en infraestructuras realizada por España en la fase alcista del ciclo económico apenas permitió aproximarse a la media de sus principales socios comerciales. Pero aún, en el ciclo recesivo posterior la divergencia se ha agrandado. Durante la crisis, Alemania, Francia o el Reino Unido no han ajustado a la baja su política de inversión pública y en el caso italiano la corrección es sensiblemente inferior al festival austericida hispánico.

Es decir, en los últimos 20 años la inversión por densidad de población ha sido un 50% inferior a la de nuestros principales socios comerciales. Y si lo computaos en términos de inversión pública por habitante, la diferencia frente a estos mismos países es del 30%. Tras el empleo y los servicios sociales, la inversión pública ha sido pues la gran víctima del ajuste económico y presupuestario.

España está amenazada de estrés hídrico, las conexiones de la red energética con el resto de Europa son limitadas, la dotación de camas de hospital es inferior, la inversión en educación también es mucho menor, la dotación para el mantenimiento de las infraestructuras de transporte es insuficiente, la oferta logística es mejorable y el transporte ferroviario de mercancías deja mucho que desear, sólo por poner algunos ejemplos.

Mucho trabajo pendiente para quien gobierne. Una tarea que, ciertamente, podríamos afrontar más cómodamente si indirectamente pudiéramos aprovechar que nuestros socios reinvirtieran sus saldos excedentarios y estimularan más sus economías o bien directamente si se fomentara un nuevo impulso inversor coordinado a escala europea.

Pero, eso sí, para optar a mejoras notas hay que merecérselo. Y las dos condiciones básicas para aprovechar realmente un cambio de política en la eurozona serían invertir los recursos donde haya un mayor rendimiento económico o social y siempre rendir cuentas con trasparencia de las inversiones realizadas. Y tanto de un requisito como del otro, cada día descubrimos casos de los que colectivamente avergonzarnos. Y ahí nada podemos recriminar al ejecutivo de Merkel.

*Josep Lladós, profesor de Economía de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

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19.400 millones de razones

Josep Lladós

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