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Las malas prisas

La sesión de investidura la tuvo Rajoy en sus manos, lleva mucho tiempo mareando la perdiz y dando largas cambiadas incluso a las encomiendas el Rey. En política, nunca me cansaré de recordarlo, todo es posible y lo estamos viendo en estas últimas horas en ese contubernio al que han llegado el Partido Popular y Podemos, los dos extremos del arco parlamentario, las dos formaciones sobre el papel más incompatibles coincidentes hasta ahora sólo en su reciprocidad en el rechazo que se profesan. Pero de pronto… de pronto, cuando menos se esperaba, ambas aparecen del brazo en la mesa del nuevo Congreso compartiendo la misma pretensión: quieren que las negociaciones para la formación del nuevo Gobierno se lleven por la vía exprés y que el acto de investidura se celebra el día 15, a menos de dos semanas.

Sorprendente, paradójico y falto de seriedad y de realismo. En tan poco tiempo es imposible una negociación mínima de tanta importancia y los dirigentes populares deben de saberlo porque ya pasaron por ese trance en otras ocasiones y en una necesitaron 54 días, algo que nadie les recriminó. Que Podemos tenga tanta prisa, bueno, se entiende mejor, ellos ya lo tienen todo negociado consigo mismos, ya han dicho cómo tiene que ser el acuerdo sin contar con sus socios potenciales, el reparto de poderes en el Gabinete y la adjudicación de poltronas ministeriales para las cuales ya deben de estar ensayando sus candidatos. Pablo Iglesias parece que está nervioso por verse sentado en un despacho que ponga a la puerta Vicepresidente.

Lo del PP es menos comprensible y más paradójico. Ya decía que en cierta ocasión tardaron casi dos meses en formar un Gobierno cuando la aritmética electoral era más sencilla. Pero ahora, es distinto: la sesión de investidura la tuvo Rajoy en sus manos, lleva mucho tiempo mareando la perdiz, dando largas cambiadas incluso a las encomiendas el Rey, y pidiendo siempre más tiempo a pesar de que ya habrá comprobado que con su actitud y exigencias no va a adelantar nada. Sin embargo, ahora le ha entrado la prisa que hasta ahora rechazó, no está claro si porque quiere ver fracasar pronto a su adversario Pedro Sánchez para retomar de nuevo la iniciativa con parsimonia renovada o para precipitar la celebración de nuevas elecciones si esa solución es la que ambiciona.

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Las malas prisas

Diego Carcedo

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