Competencia celestial

La crisis arrecia pero la competencia en los medios no decae. ¡Qué va! Cierran publicaciones, se multiplican los despidos profesionales, vamos de ERE en ERE y tiro porque me toca, los editores se quejan y, como los problemas se ve que no son pocos, ahora Radio Vaticano, la emisora de las ondas celestiales, va a empezar a emitir publicidad. Publicidad comercial de quítate tú que me pongo yo, porque la espiritual ya la viene ofreciendo las veinticuatro horas desde hace setenta y ocho años.

¿Qué va a anunciar Radio Vaticano, pues? Pues no lo sé, supongo que de todo, ya lo escucharemos; dependerá, claro, de lo que entre por la ventanilla comercial que tendrán que abrir enseguida en una esquina de la catedral de San Pedro. Imagino, no lo sé, que de momento cuñas de contactos no admitirán, ni de clínicas para abortar, tampoco. Tampoco de preservativos, porque ya ha dicho el Papa que la Iglesia no es partidaria de que se usen, aunque tal vez sí de que se fabriquen. Federico Lombardi, el director, no ha precisado detalles cuando anunció la novedad.

Pero se supone que del resto de bienes de consumo, las ondas celestiales alojarán de todo, no sólo escapularios y cirios; también relojes suizos, que son los que compran los miembros de la Guardia, coches de buena cilindrada, Coca Cola, claro, cuyo consumo no parece pecaminoso, y hasta pasta al pesto, que para eso la emisión salta desde la ciudad eterna de Roma al Universo en mil lenguas al que va dirigida. Si los fieles creyentes reaccionan con su fe a los mensajes publicitarios de las santas ondas, como hacen con sus homilías piadosas, será un éxito.

Habrá cola de anunciantes y agencias para insertar sus cuñas. El problema será para los demás medios, mayormente emisoras mundanas que difícilmente podrán metabolizar tan imbatible concurrencia. Esperemos, recemos para evitarlo, que El Observatore Romano, el hermano mayor impreso de Radio Vaticano, no siga el ejemplo cosa que aquí, en EL BOLETIN, nos pondría a temblar.