Ana María Matute hablaba tan bajito que su Premio Cervantes se pudo escuchar como en un sueño, para ser recordado como tal, para sentirlo más que escucharlo. Nunca estará solo el Rey Gudú de Ana María Matute, ese libro de cuento moderno que resume la personalidad de la escritora catalana. De Ana María Matute recuerdo su relato cuando me decía que escribía con su hijo en brazos y con la otra le daba, dedo a dedo, a la vieja Olivetti. No tenía con quién dejar a su hijo ni tampoco a quién dejar sus pensamientos. Y, a media voz, como sin desgastarse, Ana María Matute, amante de un wiskey de vez en cuando ha tenido la integridad de hacer entrega de una última novela. “Su muerte es para mí un descalabro en la intimidad, dice Caballero Bonald.
Tuvo veinticinco años guardado el Rey Gudú en un cajón hasta que decidió que había salido su momento. Y así fue su vida, y así se nos ha marchado otra de las imprescindibles del sXX con Laforet, Aldecoa o Martin Gaite; los cincuenta en estado puro.
Hablaba tan bajito que su Premio Cervantes se pudo escuchar como en un sueño, para ser recordado como tal, para sentirlo más que escucharlo.
No hay Gudú viudo, todos son Ana María.
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