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Tsai busca este sábado una cómoda reelección en Taiwán gracias a su postura anti China

La presidenta de Taiwán, Tsai Ing Wen
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La presidenta de Taiwán, Tsai Ing Wen (Foto: Chan Long Hei/SOPA)

La victoria de la actual mandataria podría desatar una nueva escalada de tensión con el gigante asiático.

sábado 11 de enero de 2020, 07:59h
Taiwán celebra este sábado unas elecciones generales en las que Tsai Ing Wen parte como clara favorita para la reelección, algo que hace tan solo unos meses parecía imposible, gracias a su firme resistencia a la renovada presión de China para atraer a la isla hacia el principio de 'un país, dos sistemas', que rige en Hong Kong.

Más de 19 millones de taiwaneses podrán votar en los comicios presidenciales y legislativos de este 11 de enero, entre ellos más de un millón de jóvenes que ejercerán su derecho al sufragio por primera vez.

Tsai y su Partido Progresista Democrático (PPD) son los mejor posicionados para ganar la Presidencia y los 113 escaños del Parlamento, según los últimos sondeos. Por detrás se encontrarían Han Kuo Yu y su Partido Nacionalista o Kuomintang. El tercer aspirante es James Soong, del partido conservador Primero la Gente, con escasas opciones.

La presidenta saliente ha protagonizado en este año una espectacular remontada desde las elecciones locales de 2018, en las que el PPD sufrió un duro revés debido, principalmente, a la polémica reforma de las pensiones impulsada por el Gobierno de Tsai y a su apoyo expreso al matrimonio homosexual.

Estas elecciones locales sirvieron para que Han despuntara como líder del Kuomintang. Para sorpresa de todos, incluidos los 'nacionalistas', Han ganó la Alcaldía de Kaohsiung, la tercera ciudad de Taiwán y bastión del PPD, donde había gobernado los últimos 20 años.

Han, conocido como el Trump taiwanés por su discurso populista, ha conseguido una legión de fieles seguidores, apodados "lo maniacos de Han", que se han movilizado durante la campaña electoral para mantener viva su ambición presidencial.

Sin embargo, las tornas cambiaron en 2019 con una tendencia ascendente para Tsai hasta el punto de que se da por seguro que seguirá otros cuatro años, en el que sería su segundo y último mandato, y que el PPD mantendrá su mayoría parlamentaria, aunque podría perder algunos escaños.

CHINA, FACTOR DETERMINANTE

El vuelco en las proyecciones electorales lo propició, paradojicamente, China. El presidente chino, Xi Jinping, inauguró el año con un discurso en el que verbalizó la intención del gigante asiático de imponer el principio de 'un país, dos sistemas' a Taiwán.

Taiwán tiene un gobierno propio desde 1949, cuando el Kuomintang y sus seguidores, liderados por el general Chiang Kai Shek, llegaron a la isla tras ser derrotados por el Partido Comunista de China (PCCh) de Mao Tse Tung en la guerra civil.

Desde entonces ha luchado por ser reconocido como un Estado independiente, algo que consiguió brevemente hasta que en 1979 la Administración de Jimmy Carter cambió su reconocimiento de Taipei a Pekín arrastrando con ello a otros países.

El territorio se democratizó en los 90 al tiempo que asumió el llamado 'consenso de 1992', un reconocimiento tácito entre el Kuomintang y el PCCh de que hay una sola China, si bien cada parte es libre de definirla.

Xi rompió esta norma no escrita al abogar claramente por la reunificación de China, que implica poner bajo la órbita de Pekín a Taiwán de la misma forma que hizo con las antiguas colonias de Hong Kong y Macao.

Encuestas recientes señalan que el 80 por ciento de los taiwaneses rechaza la idea de la reunificación. La mayoría prefiere mantener la independencia 'de facto' de la que disfruta el territorio, dado que una secesión formal podría conllevar una respuesta militar de China.

EL EJEMPLO DE HONG KONG

La ola de protestas en Hong Kong ha despejado las dudas de los indecisos. En junio, miles de hongkoneses tomaron las calles para protestar contra una polémica ley de extradición a la China continental por considerarla una amenaza al régimen de derechos y libertades del que goza la ex colonia británica desde 1997, cuando Londres la devolvió a Pekín.

La jefa del Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, acabó renunciando a la ley, pese a lo cual las protestas continuaron para exigir una apertura democrática, sufragio universal incluido. Lam se ha negado, por lo que la movilización popular ha seguido.

La reacción de Pekín en Hong Kong, donde los manifestantes han sido duramente reprimidos, sirvió a Tsai el ejemplo perfecto de lo que supondría que las autoridades chinas controlaran Taipei. "El pueblo taiwanés nunca aceptará el principio de 'un país, dos sistemas'", afirmó.

DE ENEMIGO A ALIADO

Por contra, Han ve a China y Taiwán como "una sola familia". El Kuomintang, originalmente enemigo del PCCh hasta en el campo de batalla, ha evolucionado hasta transformarse en un partido amigo de Pekín.

Los crecientes vínculos entre el Kuomintang y el PCCh han sido uno de los grandes temas de la campaña electoral, ya que se sospecha que el partido de Han depende de Pekín hasta el punto de necesitar su apoyo económico para competir en las urnas.

Han, de 62 años, advierte de que dar la espalda a China supondrá el colapso económico de Taiwán, que envía el 40 por ciento de sus exportaciones al continente. Sin embargo, su pesimista pronóstico ha sido refutado por los datos. Taiwán sigue siendo un territorio próspero, con poco paro y puntero en sectores como el de la biotecnología.

Así las cosas, el PPD ha acusado directamente al Kuomintang de lanzar una campaña de desinformación contra Tsai con la connivencia china. La actual mandataria ha sufrido ataques de todo tipo en redes sociales, incluidos de tipo misógino por no estar casada y no tener hijos.

LA CUESTIÓN IDENTITARIA

Lo cierto es que la presión de China sobre Taiwán se ha multiplicado desde que Tsai llegó a la Presidencia en 2016, obrando una doble gesta: acabó con la hegemonía del Kuomintang y se convirtió en la primera mujer en llegar al cargo.

La carrera política de Tsai, una abogada formada en Estados Unidos y Reino Unido, siempre ha estado ligada a los asuntos de China. Empezó como asesora gubernamental para las relaciones con el continente y llegó a dirigir la principal agencia encargada de lidiar con el poderoso vecino.

Fue viceprimera ministra y también la primera mujer en encabezar un partido político en Taiwán. Perdió la carrera presidencial del PPD en 2012, pero resurgió en 2014 para erigirse como la líder indiscutible del PPD.

Tsai, de 63 años, tiene su principal nicho de votantes en los jóvenes. Ha concedido entrevistas por redes sociales e invitó a un grupo de 'youtubers' de fama mundial a pasar una noche en la oficina presidencial.

Es igualmente popular entre los que se consideran cien por cien taiwaneses, es decir, aquellos que ya estaban en la isla antes de la llegada del Kuomintang, a pesar de que el 95 por ciento de los 23 millones de habitantes del territorio son de la etnia china han.

OFENSIVA CHINA

En los cuatro años de Presidencia de Tsai, China ha arreciado su ofensiva persuadiendo a siete países para que retiraran su reconocimiento a Taiwán, que ahora solo cuenta con 15 aliados en la arena internacional.

Washington, aunque no de forma oficial, es uno de los principales socios de Taipei. Al mismo tiempo que reconoció a Pekín, aprobó la Ley de Relaciones con Taiwán, que le obliga a vender al territorio el armamento necesario para su defensa. Estados Unidos le ha vendido 2.200 millones de dólares en equipos militares en el último año.

La victoria de Tsai, que se cree segura, podría desencadenar una nueva escalada de tensión con China, especialmente de cara al centenario del nacimiento del PCCh, que se celebrará en 2021 y brindará a Xi otra ocasión para reivindicarse como "líder del pueblo", título que solo ostentarón Mao y su sucesor, Hua Guofeng.

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