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“El precio de los medicamentos llegará hasta donde quieran, el problema es quién los podrá pagar”

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Luis Montiel, catedrático de Historia de la Medicina, es uno de los impulsores de la ILP ‘Medicamentos a un precio justo’.

viernes 25 de octubre de 2019, 06:00h

Luis Montiel Llorente tiene entre ceja y ceja un cometido: concienciar a la ciudadanía del peligro que supone dejar vía libre a la industria farmacéutica. No lo tiene fácil, pero tampoco está solo. Para ello, este catedrático de Historia de la Medicina en la Universidad Complutense, junto a organizaciones y otros expertos, han dado cuerpo a la ILP ‘Medicamentos a un precio justo’, que ya ha llegado al Congreso.

Desde su despacho en una facultad de Medicina, que aún conserva restos de la Guerra Civil, Montiel recuerda en esta entrevista a EL BOLETÍN los “chantajes” a los gobiernos y la red de influencia de las farmacéuticas. “Queremos que la población se entere de que esto es así”, se marca como primer objetivo. En definitiva, tal y como él insiste, la batalla “contra muchos Goliat” no es sencilla.

¿En qué consiste la ILP ‘Medicamentos a un precio justo’, de la que usted es promotor, cómo puede cambiar la vida de las personas?

Consiste fundamentalmente en pedir a nuestros políticos que hagan cosas que tendrían que hacer ellos mismos. De entrada y partiendo de la buena fe, queremos poner en su conocimiento una realidad que es muy dura e injusta y que puede perjudicar a mucha gente: desde hace ya algún tiempo y de manera muy creciente hay una serie de medicamentos muy eficaces y que no pueden ser accesibles por el precio.

Los promotores de esta iniciativa estamos convencidos de que este coste no está justificado, al menos no claramente. Son precios tan desorbitados que no son accesibles para millones de personas. De hecho, son difícilmente accesibles para el sistema público de salud, que lo pueden poner incluso en auténtica crisis.

Queremos conseguir que esos medicamentos realmente valiosos para la salud sean además accesibles y puedan estar a disposición de, a ser posible, la totalidad de la población. Buscamos que el sistema público de salud no tenga que colapsar por responder a una demanda de precios que nos parece abusiva.

¿Podría explicar a un ciudadano no experto cuál es el proceso por el que el Gobierno negocia el precio de un nuevo fármaco?

Lo puedo explicar mal porque precisamente una de las cuestiones es en que estas negociaciones tienen que ser transparentes. Hoy por hoy el ciudadano no sabe ni puede saber cuáles son los criterios que se están manejando; no puede opinar sobre si le parece justo o correcto. Las negociaciones muchas veces incluso se llevan de manera lagunar o de manera insular.

Al final siempre hay una comisión ministerial, pero muchas compañías negocian directamente con autonomías, se hace negociación a veces hospital por hospital, gerente, gerente. Al final todo esto se traduce en una falta de transparencia absoluta. Uno se encuentra con el dato sin tener muy claro de cuáles son las vías por las que se ha llegado ese dato.

Esta ILP busca servir de herramienta para fijar precios justos y calcular, ¿cómo se logrará?

Hay una cosa en la que no tenemos demasiada fe, aunque nos gustaría poder llegar a tenerla: que se pueda conocer de verdad, que se pueda ver realmente desglosado y justificado, lo que cuesta la investigación en un medicamento. Por ejemplo, que a la hora de firmar los contratos con las patentes, podamos tener siempre en consideración qué parte de inversión ha habido del lado de la sociedad y así revertir en la negociación del precio.

Muy bien, hay unos costes de investigación, pero parte de estos costes de investigación se han hecho con dinero de los ciudadanos, no los ha hecho la empresa privada.

Queremos hacer énfasis en que se vaya manejando de otra manera la relación económica y fiscal con las compañías farmacéuticas. Así podemos ir disponiendo de un fondo que se destine a investigación pública y a algo que tiene muchísimos matices muy interesantes como es la formación continuada de los médicos. Ahora mismo, esto de forma mayoritaria está en manos de la empresa.

Las industrias farmacéuticas, hablando de una manera un poco simplista, en lugar de pagar los impuestos que tienen que pagar, pues parte lo dan en otras prestaciones como cursos de formación porque el Estado no puede hacerse cargo.

Que a los médicos los formen la industria no parece lo más ético del mundo, por mucho que quieran hablar de ética y de conflictos de interés. La idea sería ir creando un fondo. La pieza fuerte de la ILP es articular todo aquello que pueda conducir a crear un fondo nacional de investigación y formación.

¿Entonces a largo plazo sería competir o intentar competir con la industria farmacéutica a través de este fondo?

Eso es. Es hacerse cargo de algo que el Estado no tiene que dejar en manos de nadie. Es algo suficientemente importante como para que el Estado y los presupuestos de la nación respondan de ello. Necesitamos comprometer al Gobierno central y a los gobiernos autonómicos en la tarea de construir una red de investigación y de formación a expensas de fondos públicos.

¿Pero cómo se puede lidiar con esta idea en una época de recortes públicos o en un periodo de crisis económica? Si se ha recortado en hospitales, en educación, quizá se mire a este fondo…

Naturalmente. Ese es un gran problema y nos lleva a otro nivel de análisis. La industria tiene su parte, pero también tiene su parte aquí la política. Y no me refiero sólo a los políticos, sino a todo lo que constituye ese conglomerado de cómo queremos que funcione el Estado.

Lo mismo que uno puede, hablando así en plata, meterse con las farmacéuticas; uno tiene la obligación de meterse con los políticos porque la impresión que tenemos muchos es que se está dejando de lado esa responsabilidad para con la sociedad.

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¿Cómo cree que puede caer esta ILP en la industria farmacéutica?

A la industria farmacéutica le va a molestar mucho y probablemente lo primero que va a hacer es intentar que los representantes políticos, de alguna manera, sean representantes suyos en esta batalla.

¿Esto se está dando ya en la actualidad, los lobbies ya están consiguiendo su cometido?

Sin ningún género de duda, sin ningún género de duda. Con lo poquito que nos cuenta la prensa tenemos noticias como que parlamentarios o senadores del partido tal o cual han sido invitados a visitar una planta de producción de genéricos en Irlanda. Hay regalos, hay operaciones de seducción. Probablemente hay incluso participación en beneficios en muchos casos. Claro que hay una política de lobbies extraordinaria.

Es más, hay una creciente concienciación de la sociedad de que ‘por lo que pueda pasar, hazte un fondo de pensiones’, ‘hazte un seguro privado’... Se dice que la medicina pública está ahí, que es la joya de la corona pero que no se haría mal en tener un seguro privado.

Vamos, pequeñas píldoras que se van colando en el discurso.

Sí. O se puede ser consejero de Sanidad de una comunidad y después ser accionista mayoritario de la compañía a la que se derivan todos los análisis clínicos de esa comunidad cuando se retira uno de la política.

Hablando ahora de estas decisiones políticas, esta misma semana se ha conocido que el Gobierno ha frenado la bajada de precios de varios medicamentos por presiones de la farmacéutica. ¿Cómo valoras esta noticia? ¿Es una mala noticia o tiene alguna explicación?

Ha habido un pulso que ya viene de unos meses atrás. Incluso se habló de la amenaza de desabastecimiento. Te dicen que no, que por este precio no te suministran.

¿Pero es real esa amenaza o es simplemente una estrategia de presión?

Claro, claro que es real y además se da. Los médicos lo viven en sus carnes de vez en cuando a la hora de recetar determinado medicamento y les vienen los pacientes a la consulta diciendo que han ido a siete farmacias y no lo tienen. Eso es un mecanismo de presión, se podría llamar perfectamente un mecanismo de chantaje que se utiliza mucho.

¿Y cómo se puede hacer frente a una amenaza como esta? ¿En realidad

Pues es muy difícil.

¿En realidad se está tan atado a la industria?

Mucho, muchísimo. Los gobiernos están sometidos a la estructura multinacional más poderosa que existe ahora mismo que es la Organización Mundial del Comercio.

Mira, con mis alumnos de Medicina analizamos algunos problemas como estos y me preguntan si la Organización Mundial de la Salud no puede hacer nada. Me cuesta hacerles entender que la Organización Mundial de la Salud no tiene capacidad coercitiva, aparte de que se la amenaza como alguna vez se ha hecho diciendo que tal país y tal país se van a retirar y van a retirar sus fondos como se pongan tontos o pesados.

La única vez que todos los países signatarios de la carta de la OMS se pusieron de acuerdo para tomar una medida fue con las limitaciones al uso del tabaco. Nunca más se ha vuelto a hacer algo así y con los medicamentos no se ha hecho nunca. A cambio de eso, la Organización Mundial de Comercio tiene una capacidad de sanción económica brutal. Y dentro de la Organización Mundial de Comercio el sector farmacéutico es uno de los más poderosos porque es el que el que arroja beneficios más altos.

La sensación que se da es que está todo muy atado en la industria para que esto siga así. Si sumamos estas amenazas de desabastecimiento, los lobbies, las presiones de la Organización Mundial del Comercio, ¿qué salida hay?

Es muy difícil. De hecho, el primer objetivo o el objetivo más realista que nos planteamos con la ILP es que el la población se entere de que esto es así. Mirad esto es lo que hay, hay medicamentos que pueden mejorar muchísimo la salud de la gente y en cierto sentido, aunque a mí es un término que no me gusta porque es irreal, salvar vidas a prorrogar la vida y no os lo van a dar. Vosotros sabréis lo que hacéis.

Hay un lobby muy poderoso también: el de los ciudadanos. 40 millones de personas poniendo un voto en una urna tienen mucho poder. El problema es que si esos 40 millones de personas no saben, no contestan, no les importa, pues es muy difícil hacer nada.

Esperamos que al menos si esto tiene cierta repercusión, si sale en la prensa, si se cuentan los telediarios, si se muestra un par de ejemplos bien puestos, en el momento en que esa gente vaya a pedirle algo a sus representantes se acuerde de que le están robando la salud.

Bueno, o que al menos digan que ‘al que me la quiera robar más, no lo voy a votar en la vida’. Que sepan que ciertas decisiones no les pueden salir gratis, que lo que está ocurriendo por desgracia desde hace mucho tiempo.

Viene advirtiendo de que el sistema público de salud “corre el riesgo de colapsarse” a la que salgan cuatro medicamentos con un alto precio. ¿Existe ese riesgo como tal o se cumple la máxima de que el sistema sanitario es demasiado grande como para caer?

Puede caer por varias razones. Primero porque los últimos medicamentos están saliendo al mercado carísimos, pero también porque por esa misma razón, por la cantidad de dinero que se moviendo en el mundo de la salud, es un sector económicamente muy apetecible.

La voluntad de privatizarlo es tremenda, brutal. Hay compañías en lista de espera para poder hacerse con cuentas, con seguros, con infraestructuras, para entrar en el sector de la salud. Es un sector lo mismo que el de la alimentación, muy proclive a producir rendimientos muy rápidos en un plazo muy breve porque, como suele decirse, la salud no tiene precio.

La gente pagará lo que tenga que pagar si se le dice que se van a ofrecer unas cosas que van mejorar tu salud o que pueden prolongar tu vida.

De hecho, cada vez sale un nuevo medicamento más caro, ¿hasta dónde va a llegar el precio?

Es que es la bolsa o la vida. Ese tipo de negociación opera sobre el modelo de la bolsa o la vida: ‘Oiga, esto salva vidas de sus ciudadanos’.

Los precios pueden llegar hasta donde se quiera, el problema es que quién los va a poder pagar. En las actuales circunstancias quien determina el precio es el mercado de Estados Unidos y, a partir de ahí, los demás países negocian como pueden esgrimiendo su producto interior bruto. La pregunta es pues a ver hasta dónde pueden llegar.

Hay informes médicos donde se determinó que hay medicamentos contra el cáncer cuyo coste de desarrollo de las moléculas estudiadas estaba por debajo de la mitad de los cálculos habitualmente esgrimidos por la industria. Es decir, hay evidencia científica, estudios y aun así, ¿por qué los gobiernos no se plantan de verdad si encima estás pagando de más?

Sí, es difícil de entender. En algunos casos puede deberse a incompetencia. Puede ocurrir eso, puede ocurrir directamente que te veas inmerso en un mundo de negociación multilateral donde ‘como no me aceptes esto, te voy a hacer daño en otro sector’ o puede ocurrir una cosa en la que insiste mucho la ILP como es la transparencia política y administrativa.

¿Esta ambición en la industria es un modelo sostenible a medio-largo plazo? ¿No están jugando demasiado con fuego y quizá los gobiernos decidan plantarse?

Esa es una hipótesis en la que me gustaría creer. En cualquier caso, sí es cierto que cualquier sector económico puede sufrir una crisis, puede crear una burbuja y, de repente, que la burbuja se le pinche. Pero esas compañías y los capitales que hay detrás lo tienen controlado; buena parte de las industrias farmacéuticas más importantes y más rentables que hay están invirtiendo también en el sector de la alimentación.

Goldman Sachs se planteó en un informe si es la curación de los pacientes un modelo comercial sostenible y ponía el ejemplo de la hepatitis C.

Eso es algo que lleva años denunciándose en el mundo de la antibioterapia. ¿Por qué cada vez tenemos más problemas de gérmenes resistentes al tratamiento antibiótico y no salen antibióticos de nueva generación? Los últimos que salieron como la azitromicina son tres días de tratamiento, matas al germen y se acabó el consumo hasta que vuelves a tener una infección.

Desde hace ya mucho tiempo, médicos, microbiólogos y profesores de Ética están llamando la atención en ese ejemplo claro de cómo funciona el modelo de negocio. Hay cosas que son una mina, tenemos un público cautivo (la hipertensión, la diabetes…) porque en el momento que diagnosticas a una persona, va a tener que tratarse el resto de su vida y el último día de su vida puede ser 30 años después. Pero los antibióticos pues no.

Es como narcotraficantes yendo a vender droga a un barrio con drogodependientes que necesitan su dosis, del que saben que van a seguir consumiendo.

Sí, sí… Ese es el gran problema. Es el modelo de la bolsa o la vida. No hablamos de videojuegos, de aspiradoras, no hablamos de corbatas que puedes decir que te privas de ello aunque te dé mucha rabia. Con un medicamento no puedes hacer eso. Esto te va a prolongar la vida durante el tiempo que sea, esto te va a sacar de una situación aflictiva que estás pasando con dolor, tú verás si lo quieres y haces lo que sea.

Para mí fue un auténtico descubrimiento la serie Breaking Bad. ¿Qué cuenta esta serie? Pues que un humildísimo profesor de Química de un instituto es diagnosticado cáncer de pulmón y después de ver lo que le ofrece el sistema sanitario de su país, EEUU, recuerda que se va a morir, que va a dejar su familia endeudada, que vive en un país que le ha abandonado y decide que la solución es ponerse a fabricar crack.

Él piensa: me habéis explicado cómo hay que vivir, cuál es de verdad el estilo de vida americano, si me convierto en un fabricante de drogas y me forro, ya no tengo problemas; si soy una persona honrada, que da clase, que es bueno y que se entrampa hasta las cejas para que sus hijos puedan vivir un poco cómodamente y, de repente, tengo un cáncer… a la miseria todos. Pues va a ser que no.

Entonces esta ILP es un poco David contra alguien superior como es Goliat, ¿no?

Sí. Yo veo que es un ataque sectorial en esa especie de combate contra Goliat o contra muchos Goliat. Es el único que se puede dar: sería insensato decir que vamos a cambiar el mundo en su conjunto.

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El mundo en su conjunto no se puede cambiar, lo que sí sabemos es que intentar cambiar esto no te permite mirar a la frente de Goliat para ver si le colocas la piedra porque detrás hay otros muchos. Ese enemigo contra el que te lanzas ahora tiene la fuerza de toda una cadena de relaciones.

Por lo tanto, en resumen, sería conseguir a más gente como David.

Sí. Este es un campo tremendamente sensible y en el que, de manera muy inmediata, se ve la relación entre una situación injusta que perjudica a la salud y algo que se puede mejorar pues es uno de los puntos en los que merece la pena hacer fuerza.

El gran problema no es solo una confrontación entre ciudadanos e industria, sino entre ciudadanos contra la industria y todo lo que hay detrás de esa concepción del mundo productivo, del mundo económico y del estilo de vida occidental.

Marco González

Periodista o intento, por lo menos. Aprendiendo. Y todo con un mejunje en la cabeza, pero con el periodismo comprometido como pegamento de unión.

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