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Economía Política de la Democratización Permanente

Urna electoral
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Urna electoral (Foto: Raúl Fernández)

La marea iliberal sube y halla inerme a buena parte de las democracias consolidadas.

viernes 11 de octubre de 2019, 12:43h
En el momento actual, la historia -aquel esquivo concepto que dejó tan mal parado a Fukuyama- nos muestra una dialéctica social integral con resultados crecientemente retrógrados.
Tanto, que nos referimos al proceso iliberal actual, con resultados de hibridación, como transiciones retrógradas. Pues, sí, postulamos la presencia de un nuevo tipo de transición -no sólo político y económico- no progresivo, sino regresivo.


En política, el Reino Unido, democracia consolidada en un proceso de transición de casi tres siglos, tipo único, no citado por Stepan, Fishman u otros taxonomistas de esos procesos, se debate hoy entre la fuerza de los hábitos, las tradiciones y el poder estabilizador de las instituciones y los resbalones populistas y autoritarios de un cierto liderazgo.


Y no es el único ejemplo en las mejores familias. Grecia -la madre de la democracia- e Italia -de los grandes europeos- han pasado por eso. La Unión Europea mantiene en observación a Polonia y Hungría por procesos de tal tipo. Trump se aplica. De nuestro lado del mundo, no hablemos de México. Y etcétera.


La marea iliberal, pues, sube y halla inerme a buena parte de las democracias consolidadas.


Esa dialéctica define la Economía Política -la puja- entre el mantenimiento de la democracia y la actual compulsión a la hibridación. Define, en positivo, lo que querríamos llamar la Economía Política de la Democratización Permanente.


Ya no basta consolidar. No en la insulsa definición de la reiteración de procesos eleccionarios, sino en la más profesional, del logro de resultados estables en la totalidad o mayoría de las esferas de la vida social presentes en los mejores análisis actuales.


Hoy, en nuestras propuestas, nos referimos, no sólo a los exigentes requisitos de una transición a la democracia, a su forzosa proyección a la consolidación democrática, sino también al requisito -político y técnico- del mantenimiento de la democracia.


Y sabemos cómo. Sabemos también de lo rudo de la tarea. Factores globales, procesos diversos de fondo en lo tecnológico, económico, educativo, social, etc., muy ligados a los impactos del actual complejo de disrupciones de diversa naturaleza -no sólo industrial- definen un proceso de hibridación integral, con especial impacto en lo político y lo económico y exigencias en nuevos valores y conceptos para las definiciones institucionales.


La respuesta la proponemos en términos de un manejo que hemos llamado "Transición, Consolidación y Mantenimiento de Democracia y Mercado". El punto es las relaciones sociales que produzcan democracia permanente y lo que ella genera integralmente. El mundo ha estado fallando.
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