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Rajoy y Puigdemont se juegan el futuro de Cataluña escondiendo sus cartas: DUI y 155

Rajoy y Puigdemont se juegan el futuro de Cataluña escondiendo sus cartas: DUI y 155
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Sin reconocimiento ni soberanía exclusiva del territorio, la posible proclama de la independencia no tendrá recorrido más allá de provocar, previsiblemente, la aplicación del artículo 155.

martes 10 de octubre de 2017, 09:00h

Es probable que este 10 de octubre sea el día más relevante de la historia democrática reciente en España. Es el día en el que los trenes pueden chocar realmente. El presidente de Cataluña prevé declarar unilateralmente la independencia (DUI) sin contar con el permiso del Gobierno, saltándose las leyes y con el rechazo de, como mínimo, la mitad de la sociedad catalana. Por su parte, el Gobierno se guarda la carta del artículo 155 que podría dinamitar el último puente y provocar grandes movilizaciones en Cataluña.

Hasta que lleguen las 18:00, hora prevista para la declaración institucional de Carles Puigdemont en el Parlament de Cataluña, los rumores y las informaciones correrán tanto o más que la capacidad de percepción que tiene el ser humano.

A esta hora se prevé que Puigdemont - junto a otros 71 diputados - vaya a declarar la independencia de Cataluña en el pleno de esta tarde. Antes, a las 10 de la mañana, el president se reúne con el equipo de Gobierno para tratar de dar respuesta a un jeroglífico difícil de dilucidar.

Efervescencia en las calles de una población a la que le prometió la declaración, empresas catalanas (también pequeñas y medianas) que presionan para postergar la DUI, socios de Gobierno que condicionan su apoyo a la declaración y una ley de transitoriedad jurídica – ilegal según el TC – que le obliga a proclamar el nacimiento de un Estado nuevo.

El hecho de que Puigdemont declare esta tarde, aupado por la mayoría del Parlament, que Cataluña es un Estado independiente no es más que un brindis al sol si la declaración no viene acompañada de reconocimientos externos o sin la soberanía en exclusividad del territorio.

De hecho, ante la realidad de que una DUI en estos momentos carece de relevancia legal y legítima, ha brotado en las últimas horas – dentro del PDeCAT – la posibilidad de que el presidente de Cataluña declare la independencia y la suspenda inmediatamente, tal y como hizo Eslovenia, como medida de presión al Gobierno.

De esta forma trataría de negociar un referéndum pactado y, apelando al símil esloveno, buscar reconocimientos externos en esa misma fase. Esto último, como el hecho de que Rajoy se preste al diálogo son elementos difíciles de imaginar.

El plan del Gobierno se desconoce. Al igual que con Puigdemont, es la intuición lo que hace creer que su estrategia pasa por pulsar el botón del artículo 155 – suspensión de la autonomía catalana – en el momento en que Puigdemont declare la independencia, sea inmediata o suspendida. El Ejecutivo forzaría de esta manera – en un intervalo de varios días – la detención de altos cargos del Govern y la convocatoria posterior de elecciones autonómicas. Comicios que ya han avisado Junts pel Si y la CUP que serán boicoteados si se producen de esa forma.

La decisión de aplicar el 155 sería la detonación del último puente y la crónica de un choque de trenes anunciado.

Lo que parece evidente es que se ha llegado a este 10-O de la misma manera que al 1-O. Sin diálogo, con las ciudades de España vestidas de nacionalismo y despreciando las zonas grises – blancas en el caso de la manifestación del sábado (¿Hablamos?) – de la política.

De lo que haga Puigdemont, y posteriormente el Gobierno, se desencadenarán todo tipo de acontecimientos políticos y sociales tan imprevisibles que lo analizado y visto hasta ahora puede quedar en juego de niños/as. La polarización y la sensación de odio y rencor en diversos sectores de la sociedad hacen presagiar consecuencias poco agradables ni siquiera de imaginar.

La UE, la comunidad internacional, la economía, la sociedad. Todos detendrán su actividad a las 18:00 de la tarde. Una hora que puede marcar el inicio de un nuevo orden en España y la fractura de la convivencia.

Ander Cortázar

Periodista

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