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2015

viernes 19 de diciembre de 2014, 00:00h
Santiago José Guevara
Santiago José Guevara
Dificilísima la situación nacional venezolana. Lo económico, solo comprensible por intención política, ignorancia o nula capacidad de crear salidas.
Dificilísima la situación nacional venezolana. Lo económico, solo comprensible por intención política (proyecto comunista de destrucción y entrega a foráneos), ignorancia (el régimen no sabe descifrar el momento económico) o nula capacidad de crear salidas (“la recuperación del equilibrio del sistema de variables macroeconómicas y la instauración de un nuevo modelo productivo”).

Si 2014 fue un año malo, 2015 pinta peor; aunque admite escenarios de salida. En el escenario tendencial, se profundizan los problemas y la incertidumbre, al costo del bienestar general y las libertades. En el optimista, asoman, o un cambio oxigenante, con atenuación de las limitaciones actuales, o un quiebre en lo político y/o lo económico, para un punto de inflexión. En el pesimista, el país se desbarranca por errores de conducción (algo de eso hay en algunos anuncios y anticipaciones) o que por la confrontación entre bloques de poder del régimen, surgen costos diversos, incluso más allá de lo económico.

No añadiremos a la abundancia de pronósticos numéricos existentes. No transitaremos por ahí. Propongo un valor agregado mayor: escenarios, mención macro de los problemas económicos y vías de resolución de los déficits de gestión, con los límites de espacio obvios de un artículo.

El año iniciará con: 1) problemas macro y microeconómicos crónicos, 2) una merma significativa (hasta el 50%) del casi único ingreso ordinario en divisas y 3) dentro del ciclo político. Las repercusiones sobre la Balanza de Pagos, las cuentas macroeconómicas (Producción, ingreso, gasto, déficit, importaciones, consumo y precios) y moneda serán relevantes. El precipicio ya no es más una metáfora. Es la realidad. Incluso para la banca, que trabaja frente a un productor y consumidor voraz de liquidez.

Insistimos en nuestro diagnóstico del año pasado según el cual el problema es claramente fiscal. Con esto nos diferenciamos de otros, posteriores. Es no solo: 1) el gasto estatal (hay que informar que la mitad o más de los recursos provenientes de la fuente petrolera y otros se agencian fuera del presupuesto), sino 2) el uso de las divisas y 3) el muy perverso menú de financiamiento.
Al respecto, el régimen hala la sardina a su brasa, manipula diagnósticos y se apoya en economistas afectos o con intereses extraños, queriendo hacer ver solo un problema cambiario y de precios relativos. La amplia problemática macro, financiera (privada y pública), microeconómica e institucional no existe para estos “analistas” interesados, desinformados o “ingenuos”. Tomémoslos como escenarios de decisión, con opciones diversas.

La situación económica que describíamos las semanas anteriores nos sirve de plataforma para aproximarnos al desempeño del año: de mantenerse las condiciones políticas e institucionales actuales, ni siquiera en el mejor escenario habrá crecimiento, la inflación se mantendrá muy alta y el umbral de la hiperinflación en que nos encontramos podría dar paso a cotas superiores, con dependencia de la política cambiaria (mantenimiento del sistema de control de cambios), financiera (sobre la banca privada y pública, por ejemplo) y salarial. La indexación de precios respecto al dólar paralelo ha actuado como el detonante del severo problema, dados sus otros condicionantes; todos, presentes.

El sistema de variables macroeconómicas seguirá desequilibrado, en razón, principalmente, del maltrecho estado de las variables externas y fiscales. Ambas están requeridas de planes de contingencia, no solo para paliar la situación, sino para introducir cambios medulares –reformas estructurales- en su concepción, organización y desempeño. En esto me diferencio netamente de la opinión dominante en los stakeholders del régimen, expresada en las posiciones de Francisco Rodríguez, del Bank of America, mencionado como posible integrante del staff gubernamental y reo de un simplismo injustificable.

E insisto en la diferenciación. Si la macroeconomía está devastada, la microeconomía no existe. Nadie parece verlo. Rodríguez no lo ve. Y ahí es dónde están la iniciativa privada, la producción y la función promotora del Estado. La colonización institucional y la destrucción del espíritu productivo nos muestran hoy músculos institucionales y de la producción relajados, reos de las señales, cada vez más escasas y débiles, de las directrices nacionales. El propio Estado (para una política industrial, por ejemplo), PDVSA (para otra política petrolera) y las llamadas empresas básicas –eventuales puntales de un recuperación con músculo- son víctimas del barranco creado.

Para todo lo anterior, macroeconomía, microeconomía e instituciones, se requerirá –gran misión del año- de fondos contingentes y capacidad reformadora. No ajustes simplistas y riesgosos. Lo primero se lo hace a escondidas, o no se hace. Todo lo conocido son bocanadas de oxígeno (banca y adelantos de socios petroleros), no la recuperación de una mínima normalidad, al menos en el corto plazo. Lo segundo no se observa, o se maneja por debajo de lo exigido y sin consideraciones de análisis de riesgos.

Como habrán visto, nuestro referente para el diagnóstico y anticipaciones (repito: no hablo de pronósticos, en el sentido de forecasting) se basa en nuestro diagnóstico. Pienso en función nacional, no sectorial. Me ocupo de los problemas que en él se señalan. No de diagnósticos errados o manipulaciones interesadas.

Venezuela está en una situación límite, en estricto sentido. 2015 será año de problemas mayores e imperiosidad de decisiones. En el sistema o fuera de él. Que imperen los intereses nacionales. Y se pare un gran zarpazo comunista (mucho cuidado al asunto del default).
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