Negro el fin de semana en La Habana

Personas con mascarillas en un coche por las calles de La Habana

Todo comenzó a media mañana del viernes y todavía este domingo continuaban apareciendo cadáveres bajo los escombros. La ciudad se estremeció de dolor y no hubo rescatista, personal médico o paramédico que diera el máximo de sí ante la tragedia a la par de una impresionante asistencia voluntaria en los bancos de sangre.

La primera noticia, vía verbal, de esas que la gente oye y repite, corrió como la pólvora cuando aseguraban habían colocado una bomba en el capitalino hotel Saratoga. Casi al mismo tiempo, y con mayor velocidad porque esta vez fue a través de los medios públicos, las principales autoridades se encargaron de recalcar que era producto de un accidente en el suministro de gas licuado a la instalación.

Desde entonces, la radio y la televisión no cesan de abordar lo ocurrido y el trabajo multidisciplinario en las ruinas es de 24 horas con mayor énfasis en los sótanos del inmueble, que por fortuna no tenía huéspedes en virtud de su próxima puesta en marcha el día 10 del mes que corre.

De momento, según el último parte, de los 84 lesionados, 24 estaban hospitalizados, 30 de alta médica y 30 fallecidos, entre ellos cuatro menores de edad y la joven turista española, de 29 años de edad, María López Cerón Uga, que pasaba por el lugar justo en la explosión.

Una comisión de la estatal Unión Cuba-Petróleo ha sido designada para dar curso a la investigación.

Entre tanto, de visita de trabajo en la isla, Andrés Manuel López Obrador, presidente de los Estados Unidos Mexicanos, quien  ha pronunciado un discurso catalogado por especialistas como de una lección de historia y donde, con el debido respeto, ha llamado a una revolución dentro de la revolución