El Banco Central carioca, preocupado porque la escalada del real desemboque en una nueva crisis de derivados

La euforia desatada entre los inversores por los mercados financieros brasileños ha encendido todas las alarmas del Banco Central del país, que se ha visto obligado a llamar a la calma a los operadores, ante el temor de una huida del capital golondrina en los próximos meses, que podría desembocar en una nueva crisis de derivados.

El real brasileño ha subido un 13,4% frente al dólar este año, la divisa que ha registrado un mayor avance entre las 16 monedas más negociadas en los mercados de Latinoamérica. Y todo ello pese a que que el Banco Central ha comprado dólares en el mercado de cambios a la vista en las últimas nueve sesiones para absorber el fuerte flujo de recursos, el real brasileño se viene valorizando con fuerza y se cotiza cerca de sus máximos niveles desde octubre.

Lo mismo ocurre con la Bolsa carioca, que este mes ha alcanzado máximos históricos con un avance del 8,4%. En lo que va de año, el parqué carioca ha subido un 43,9% en términos de dólar, frente al descenso superior al 5% que registran el Dow Jones o el Eurostoxx 50. Los bonos brasileños se han convertido en uno de los papeles más caros de la región. Ayer mismo, el precio del bono a diez años se ubicaba en el 112% del nominal, con una rentabilidad asociada del 5,25%, unos números que sólo puede batir Colombia.

Advertencia. El presidente del Banco Central de Brasil, Henrique Meirelles, ha advertido a los inversores sobre la euforia que en las últimas semanas ha llevado a los mercados financieros brasileños a convertirse en los más rentables de la región. Aunque el funcionario ha reconocido cierta mejora en la economía carica, ha querido lanzar un mensaje de cautela sobre la espectacular revalorización del real frente al dólar en lo que va de año. Tal vez, porque conoce bien los riesgos que podría entrañar una huída del capital golondrina, que el año pasado puso en jaque la estabilidad financiera de muchas compañías como Sadia o Aracruz por sus pérdidas en el mercado de derivados.

La última prueba de esta recuperación económica ha sido la cifra de la tasa de desempleo en el mes de abril, que se redujo hasta el 8,9%. Es la primera caída que la tasa registra en lo que va de año, y ninguno de los analistas consultados por Bloomberg, preveían que cayera por debajo del 9%.

Meirelles teme que la euforia de los inversores se traslade en una huida del capital en los próximos meses, si la economía brasileña no sigue dando muestras de fortaleza. «Los inversores y las empresas en el pasado han sufrido grandes pérdidas a causa de un exceso de euforia», sentenció Meirelles.

Pérdidas en derivados. Un claro ejemplo de esta situación fue Sadia, que no le ha quedado otra alternativa que su fusión con Perdigao tras perder 3.000 millones de reales en el mercado de deerivados el pasado año. Los inversores internacionales también han recogido con euforia el acuerdo de fusión entre los gigantes de la alimentación brasileña Sadia y Perdigao. Al cierre de esta edición, las acciones de ambas compañías se disparaban cerca de un 10% en los ADR de la Bolsa de Nueva York. Los analistas también han dado el visto bueno a la operación, después de que el ministro de Trabajo, Carlos Lupi, haya asegurado que no se producirán despidos en el proceso.

Tras el acuerdo, Sadia ya no tendrá que preocuparse por sus pérdidas en derivados, ya que la nueva empresa nace como la tercera mayor exportadora de Brasil, con ventas anuales de 11.000 millones de dólares.

La nueva empresa se llamará Brasil Foods, y contará en con 42 fábricas en el país carioca, empleará a cerca de 120.000 trabajadores. La compra, que requiere de la aprobación de los reguladores brasileños, no incluye a Concordia Holding Financiera SA de Sadia, que controla un banco y una correduría. Al cierre del mercado de ayer, la combinación de ambas firmas sumaba una capitalización bursátil de 5.300 millones de dólares.

Lo mismo ocurrió con Aracruz y Votorantim Celulose, con pérdidas por valor de 2.130 y 2.200 millones de reales por sus pérdidas en los futuros de divisas.