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Los votantes progresistas, casi sin opciones ante la debacle del PSOE

El principal partido de la oposición no existe. O casi. Está es la idea que se extiende entre las crecientes filas de los ciudadanos de todas las ideologías que buscan alternativas para frenar las políticas del PP. Y lo que encuentran en el PSOE es a un líder débil, Rubalcaba, y un partido en descomposición incapaz de superar las hipotecas del pasado.

La ciudadanía sólo confía en los movimientos sociales como vía para frenar los agravios y atropellos que, en opinión de una mayoría emergente, estaría cometiendo el PP. Pero no encuentran una vía cierta para expresar este descontento en las urnas y provocar un cambio. Aunque suben las expectativas de voto de partidos como UPyD o IU, la ley electoral limita su vuelo y, además, el bipartidismo está fuertemente instalado en la democracia española.

En algunos círculos empieza a ser recurrente la idea expresada en voz baja de que todo empieza a estar maduro para la aparición de una figura similar a la del Beppe Grillo italiano. ¿Buenafuente? ¿Wyoming? Lo cierto es que el presentador de La Sexta recolecta ahora seguidores en los colectivos ideológicamente más alejados de él. Por ejemplo, los médicos madrileños que se oponen a las privatizaciones de Ignacio González.

Entre los líderes de la protesta hay más de un antiguo simpatizante de Rajoy y Esperanza Aguirre. De hecho, en las manifestaciones de la ‘marea blanca’ es frecuente ver carteles en los que se pide perdón por haber votado al PP, construidos con las letras del anagrama del Gobierno.

Y mientras, el PSOE, está desaparecido de todas las batallas importantes. De las luchas de los afectados por la hipotecas, de las de la sanidad y la enseñanza, de las de los preferentistas…Para algunos militantes del partido resulta hasta enternecedor que desde las filas populares se les atribuya la dirección de estos movimientos sociales que se moverían con una agenda oculta para derribar al gobierno y cambiar las reglas de juego de la democracia. Alguno hasta dice con cierta ironía, que ya quisieran…

El problema es que la actitud de la actual dirección socialista, con Rubalcaba como principal responsable de la deriva a los ojos de los desencantados votantes progresistas, no invita al optimismo. Más bien todo lo contrario. Y, además, continúan en marcha viejos procesos sin resolver como el caso de los Eres, sin que haya ‘caras nuevas’ que no estén tocadas por el pasado del Partido, demasiado reciente y muy poco glorioso.

La reacción de la militancia de base, decreciente y desmoralizada, es hacer la guerra por su cuenta. Circunstancia que propicia la división que se produce. Al no haber una dirección concreta, ni unas pautas mínimas todos intentan salvarse como pueden. Eso explicaría, según algunos expertos, movimientos como el protagonizado por algunos alcaldes del PSC que llevaron al partido a subirse al carro del derecho a decidir. O lo que ha sucedido en Galicia.

Sólo Tomás Gómez, atrincherado en la Comunidad de Madrid, como un auténtico verso suelto ha logrado en las últimas semanas darle una cierta presencia al PSOE. Al menos entre las filas de la ‘marea blanca’.

El hecho de que el partido haya presentado un recurso de inconstitucionalidad contra las privatizaciones sanitarias de Ignacio González, le ha convertido, al menos, en un instrumento de cierta utilidad para este movimiento social. Pero, incluso con este indicio favorable, el recelo y la cautela se mantienen.

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