Las malas noticias se acumulan para Angela Merkel

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A la mujer más poderosa del mundo (siempre según la revista Forbes) se le acumulan los problemas. Ahora ha sido un propio consejero alemán del Banco Central Europeo (BCE), Juergen Stark, el que ha advertido a Angela Merkel de que debe implantar una política más agresiva para lograr reducir el déficit público bastante por debajo del 3%, una cifra que Berlín espera consolidar al finalizar el año. Así, Merkel ya tiene un quebradero de cabeza más que añadir a su particular lista de problemas internos, que engorda semana tras semana.

“Es conveniente utilizar la cámara de oxígeno garantizada por un buen crecimiento económico para acelerar la reducción del déficit”, aseguró el banquero en un artículo publicado en la última edición del diario local Handelsblatt. Aunque Stark se ha mostrado convencido de que el Gobierno que lidera la canciller Angela Merkel logrará cumplir con las exigencias de Bruselas en 2011, y publicar así este año un déficit público inferior al 3% del PIB, ha puesto no obstante en duda que esta cifra se pueda asegurar en años venideros.

Y eso supondría un grave problema de credibilidad para Berlín. Sobre todo, señalan los expertos, porque Merkel ha exigido regularmente durante los últimos meses a los países de la zona del euro un déficit por debajo del 3%.

La crítica de Stark es, además, una novedad relevante. Novedad porque hasta ahora los consejeros alemanes del BCE habían mantenido un trato más bien amistoso hacia Berlín. Y relevante porque Stark es ahora la principal figura que tiene Alemania dentro del regulador paneuropeo después de que Axel Weber, presidente del Bundesbank en funciones hasta el próximo mes de mayo y también consejero del BCE, anunciase hace unas semanas que no aspiraba a suceder al actual presidente del mismo, Jean-Claude Trichet, el próximo otoño. Hasta que anunció su renuncia, Weber era el candidato favorito para liderar el BCE tras la marcha del banquero galo.

Precisamente, el tirón de orejas de Stark a Merkel ha sucedido poco después de que el aún presidente del Banco Central alemán y la canciller del país protagonizasen un enfrentamiento en un encuentro del sector bancario del país hace unos días. Según ha relatado David Marsh para Marketwatch.com, un portal que depende del The Wall Street Journal, durante la reunión Merkel criticó la falta de solidaridad de Weber al oponerse éste, horas antes, a que el BCE compre bonos de los países de la zona del euro que se encuentren en una situación delicada. Por ejemplo Grecia, Irlanda o Portugal.

Esta sorprendente crítica puede deberse, según los rumores que circulan por los mercados, al cambio de imagen al que parece aspirar Merkel. De una mandataria que apostaba, hace tan sólo unos meses, por una energía nuclear y la mano dura para los países periféricos, ahora su política parece girar hacia lo contrario. Este cambio quizás se haya visto forzado por los malos resultados obtenidos hasta ahora en las elecciones regionales que han tenido lugar en las últimas semanas.

Aunque la mandataria no dijo el nombre del banquero, la alusión fue, según Marsh, evidente. La tensión entre ambas personalidades creció cuando Weber anunció sus planes de futuro sin antes consultar con Berlín los pasos a seguir. Esto cogió por sorpresa a Merkel, que fue acusada por los alemanes de dejar escapar la posibilidad de presidir el BCE y cederle la oportunidad a Italia, cuyo gobernador del Banco Central, Mario Draghi, es ahora el principal favorito para asumir el cargo de Trichet.

Por último, pero no por ello es menos importante, el principal aliado político de la mandataria, el líder de los liberales y actual ministro de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle, ha anunciado que no aspira ya a liderar su formación, el FDP, que comparte en coalición el Gobierno de Berlín. Todo parece indicar que Westerwelle ha sido presionado por sus propios compañeros de partido para la toma de esta decisión, que surge una semana después de la humillante derrota que la coalición del Gobierno -los democristianos de Merkel y los liberales de Westerwelle- consechó en la región de Baden-Württenberg, un feudo conservador que llevaban 60 años controlando.

Aprovechando este clima tenso, los especuladores han decidido lanzar un ataque contra la deuda del país centroeuropeo, que al cierre de esta edición ofrecía una rentabilidad del 3,38% en los bonos soberano a diez años. El pasado 24 de marzo, hace semana y media, los papeles teutones con ese vencimiento ofrecían un rendimiento del 3,23%. Y es que, a mayor rentabilidad de los bonos, menos se supone que es la confianza de los inversores internacionales en el emisor de los mismos; en este caso Alemania.