El presidente del Gobierno y el jefe del Ejecutivo catalán parecen estar jugando al ‘perro y el gato’, ya que ambos dicen querer reunirse pero el encuentro no acaba de cerrarse. La reunión entre Mariano Rajoy y Artur Mas parece que no se celebrará a corto plazo. El presidente del Gobierno y el jefe del Ejecutivo catalán han salido estos últimos días a ‘pregonar’ que están dispuestos a hablar el uno con el otro sobre el desafío soberanista, pero a día de hoy siguen evitándose y ninguno tiene intención de ser quien dé el primer paso. Ambos se muestran reticentes a dejar a un lado su ‘orgullo’ y fijar de una vez por todas la fecha para la celebración del encuentro.
Es más, incluso han llegado al punto de responsabilizar al otro de que no haya reunión, poniendo una y otra vez la ‘pelota’ en el tejado del contrario. El primero en hacerlo fue el propio Rajoy, quien el pasado miércoles dijo en el Congreso, al ser preguntado por el portavoz de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida, si habría reunión, que si el presidente catalán le llamaba se verían al día siguiente.
“Si me llama, viene mañana”, dijo el presidente del Gobierno, dejando claro que exigía una comunicación oficial por parte de la Generalitat para celebrar dicho encuentro. Sin embargo, desde el Gobierno catalán han dejado claro que no se va a producir tal petición oficial, ya que entienden que es suficiente con el hecho de que Artur Mas haya trasladado su voluntad de verse con Rajoy.
Pese a ello, tal y como recoge El País, desde el Gobierno central se mantienen firmes y señalan que debe producirse una petición formal de Mas para que se celebre la reunión, ya que así lo hace todo el mundo. Sin embargo, parecen dispuestos a ‘levantar la mano’, y fuentes del Ejecutivo han dicho que ni siquiera es necesario que sea por escrito, sino que basta con una llamada a La Moncloa. Pero ese contacto de la Generalitat debe producirse, han insistido.
Por su parte, Mas insistió este jueves en que la reunión con Rajoy ya estaba pedida -lo hizo, por ejemplo, en la breve conversación que mantuvieron durante la proclamación de Felipe VI, cuando mostró su intención de verse- y que ahora se mantenía a la espera de una respuesta del Gobierno aunque tiene la impresión de que no le quieren recibir. “Si a una persona se le dice que estoy a su disposición para vernos cuando quiera, y esta persona no responde, uno puede tener la impresión de que no le quieren recibir. Y es la impresión que yo puedo tener”, dijo ayer el presidente de la Generalitat en el Parlament en respuesta a una interpelación de la líder del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho.
Ambos se evitan, y el motivo está claro: ninguno quiere dar su brazo a torcer en lo referente a los temas que se abordarán en el encuentro. El dirigente catalán tiene intención de hablar de la consulta soberanista que se ha convocado para el próximo 9 de noviembre y eso es algo que el Ejecutivo central ya ha dicho que no va a tratar. Rajoy no quiere dedicar ni un segundo de su tiempo a buscar una fórmula para que los catalanes voten el referéndum independentista porque rompería la soberanía nacional y sería inconstitucional, y eso es algo que Mas no va a consentir.
Este punto es el que está bloqueando la reunión desde hace meses, y mientras tanto la tensión entre ambas administraciones no deja de aumentar, haciendo que las relaciones entre el Gobierno y la Generalitat sean cada vez más tensas. Y mientras tanto, el Ejecutivo catalán sigue echando leña al fuego al insistir en que si no hay encuentro es porque Rajoy no quiere.
Hoy mismo ha incidido en ello el portavoz del Gobierno catalán, Francesc Homs, que se ha mostrado convencido de que la reunión se celebrará porque ya está pedida, aunque ha reconocido que la interlocución con el Estado “es difícil”.
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