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Conducción eficiente II

La mayoría de los automóviles incorporan un indicador de cambio de marchas que recomienda la que debe llevarse insertada en cada momento para una conducción eficiente. Además de lo expuesto en el anterior artículo, existen otra serie de «buenas costumbres» relacionadas con los hábitos de conducción muy a tener en cuenta de cara al preceptivo –por el bien de nuestro bolsillo? ahorro de carburante. Cada vez es más frecuente que los automóviles nuevos, sin distinción de categoría, incluyan un indicador de cambio de marcha. Si nuestro vehículo no cuenta con él y es diésel, el régimen óptimo para escalar a la marcha superior se sitúa entre 1.500 y 2.000 rpm. Respecto a las mecánicas de gasolina esta escala estaría comprendida entre 2.000 y 2.500 rpm en términos generales, pues también hay que tener en cuenta sus características, sobre todo si es atmosférica o turboalimentada. Las mecánicas de gasolina turboalimentadas de última generación empujan desde muy abajo, ofreciendo una respuesta similar a las diésel. Asimismo es importante procurar rodar la mayor parte del trayecto en marchas largas, evitando cambios innecesarios que conllevan fluctuaciones en el régimen de giro del motor, lo que se traduce en un incremento del gasto. Circular por vías interurbanas a una velocidad constante y en marchas largas puede dar como resultado ahorros de hasta un 15%.
 
Una vez enfocada la manera de conducir hacia el ahorro, no hay que descuidar otros detalles, sumamente importantes, en aras a rebajar la factura de combustible. El uso del aire acondicionado o del climatizador puede incrementar hasta valores cercanos al 20% el gasto. En época estival, con calor intenso, no procede recomendar en los vehículos que llevan climatizador desconectar el aire acondicionado o seleccionar el modo de funcionamiento económico –que desconecta el compresor?, pero es una opción a tener en cuenta cuando la temperatura exterior es lo suficientemente baja. Circular con las ventanillas bajadas interfiere en la aerodinámica del vehículo, genera turbulencias y, en consecuencia, también contribuye al aumento en el consumo, aunque sea en pequeñas cantidades. Pero todo suma y lo importante es reducir la factura final. Lo que si hay que tener muy presente es que la utilización del aire acondicionado está reñida con llevar las ventanillas bajadas. Por último no hay que olvidarse de esos grandes olvidados, los neumáticos. Aunque en  este apartado la seguridad debe anteponerse a la economía conviene saber que, aparte de la degradación de los propios neumáticos, rodar con las presiones excesivamente bajas puede incrementar el gasto  hasta un 4%.
 

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Conducción eficiente II

Manuel Reyes

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