El concurso de acreedores ya es una realidad para Zinkia, la creadora del popular Pocoyó. La productora entra en suspensión de pagos ante la falta de acuerdo con Bankia. El peso de las deudas ha sido más fuerte que el valiente Pocoyó. O mejor dicho, Bankia ha podido más que el presidente de Zinkia, la productora responsable del popular personaje de animación. A pesar de los esfuerzos de José María Castillejo por evitar el peor de los destinos para su criatura, la falta de acuerdo con la nacionalizada ha obligado a la compañía a solicitar el concurso de acreedores.
Ni la ayuda de Dios que hace sólo unos días reclamaba Castillejo a través de un hecho relevante remitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha bastado para salvar un balance lastrado por la caída de negocio. Los cuatro meses del preconcurso al que se acogió no han sido suficientes para alcanzar un acuerdo con la “entidad privada” responsable de un préstamo de 2,5 millones de euros a la sociedad: Bankia.
Dado este nuevo escenario, y a la espera de que se pueda alcanzar un convenio con acreedores que ayude a Pocoyó a volver a ponerse en pie, la dirección del Mercado Alternativo Bursátil (MAB) en que cotizan sus acciones ha decretado la suspensión de su negociación y acto seguido la CNMV ha hecho lo propio para sus papeles de deuda cotizados en el mercado AIAF. De momento, el presidente de la firma y marqués de Floridablanca ya ha señalado que ve el concurso, al que ha llegado también entre desavenencias con su socio mexicano, Jaime Valladares, más como “una protección” que como “un camino hacia el cierre”.
De momento, no han trascendido las cifras completas que han llevado a Zinkia hacia este trance, sin embargo la cotizada ya anunció hace días que sus ganancias serían un 97% inferiores a los que habían anunciado a comienzo de 2013. Lo que sí se sabe es que sus bonistas, acreedores comerciales y el resto de entidades financieras sí que habían alcanzado un acuerdo de refinanciación, dice la compañía, para evitar la quiebra que ahora se ha certificado. De lo que no ha habido tiempo es de lanzar una nueva emisión de deuda que hubiera estado marcada por las duras recomendaciones que el supervisor de mercados lanzó la última vez que Zinkia lo intentó.
Castillejo ha vuelto a aprovechar la solicitud de concurso para enviar un mensaje tranquilizador a sus inversores. Señala a la suspensión de pagos como “un ejercicio de responsabilidad y con el único objetivo de proteger el patrimonio de la empresa”, en torno a la cual esgrime un “creciente” negocio pese a las cifras adelantadas. Quizá en alusión a los contratos de merchandising recientemente suscritos para Norteamérica y las Islas Británicas.







