La decisión ha sido adoptada por Ilha Bela Gestão e Turismo, filial portuguesa del grupo, que dejará de prestar servicios de gestión y comercialización, así como de ceder el uso de sus marcas hoteleras en los establecimientos afectados. Entre ellos figuran hoteles tan conocidos como Meliá Cayo Santa María, Meliá Las Dunas, Paradisus Varadero, Sol Varadero Beach o el Gran Hotel Bristol Habana Vieja, entre otros.
Según ha comunicado la compañía a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), la medida responde a una combinación de circunstancias sobrevenidas ajenas a su capacidad de actuación que han impactado de forma significativa en la operativa, la legalidad y la seguridad necesarias para prestar estos servicios.
No obstante, Meliá subraya que el impacto económico de esta decisión será limitado. La empresa explica que la gran mayoría de los hoteles afectados se encuentran actualmente cerrados o sin actividad como consecuencia de los problemas energéticos que atraviesa Cuba y de la caída de la demanda turística registrada en los últimos años.
La cadena hotelera ha iniciado ya un proceso de desvinculación ordenada de los establecimientos afectados y asegura estar aplicando los protocolos necesarios para informar con transparencia a propietarios, proveedores y clientes.
La decisión se produce en un contexto especialmente complicado para el sector turístico cubano, marcado por los problemas de suministro eléctrico, las dificultades económicas y el descenso de visitantes internacionales, factores que han afectado de forma significativa a la actividad hotelera en distintos puntos del país.
Con este movimiento, Meliá reduce de forma significativa su presencia operativa en la isla, aunque mantiene su compromiso de gestionar la transición de manera ordenada y preservar la confianza de sus distintos grupos de interés.
Otra hotelera española, en este caso Iberostar Hotels & Resorts, también ha abandonado la isla, dejando de operar un total de 12 hoteles, al desvincularse de la cadena Gaviota.





