‘Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar’ reza el refrán, y los trabajadores de Caja España-Duero ya han comenzado a aplicárselo ante la oleada de despidos que han anunciado el resto de entidades rescatadas. Según comentan algunos empleados, cada vez son más los que se apuntan a cursos de formación o a estudiar idiomas, ante la certeza de que se producirá un recorte de plantilla considerable. A día de hoy, los cursos de administrativo son los favoritos.
No obstante, en los pasillos aún se conserva la esperanza de que la fusión con Unicaja llegue a buen puerto, pese a que se agota el plazo para que ambas entidades lleguen a un acuerdo. Tan pronto como en febrero el FROB inyectará los 604 millones de euros, y a partir de ese momento Unicaja deberá pujar con otros interesados si quiere hacerse con Caja España-Duero.
A cambio de esta ayuda, la Comisión Europea exigirá una reducción del balance de la entidad del 30%, así como el cierre de 260 oficinas y el recorte de 1.500 empleos en un plazo de dos años.







