Pensábamos entonces que mal o bien, aquí lo teníamos todo o casi todo; que no seríamos carga de nadie; que quién nos daría trabajo con edad tan avanzada; que de partir hacia Miami, donde con un trabajo no es suficiente, iríamos de cabeza a un “home” con otros viejos “cagalitrosos” y que esto que hacíamos aquí a cada rato con una pierna de cerdo asada, allá ocurriría una vez al año y con hamburguesas.
La vida, con sus circunstancias acompañantes, ha demostrado otra cosa. Por vía legal en mayoría, estamos despidiendo a aquellos que nos han acompañado desde la niñez o adolescencia en una suerte de reunión festiva y luctuosa al mismo tiempo, en un ejercicio sumamente complicado de combinar la alegría con la tristeza.
Así estamos. Ahora sin el electricista, el plomero o fontanero, el reparador del ordenador, el herrero, la hábil y diestra costurera y hasta padeciendo de esa ausencia de uno que, como en tiempos mozos, se subía a la azotea y cambiaba una antena.
Este domingo volveremos a reunirnos los que quedamos. Vaya usted a saber de qué hablaremos con menos rones y la música de siempre los que seguimos apostando a mejores tiempos.
Acceda a la versión completa del contenido
Los amigos también se marchan
El repunte del queroseno, clave para el sector aéreo, está obligando a las compañías a…
El tráfico ferroviario en Madrid ha registrado este domingo por la tarde importantes incidencias que…
La nueva cifra llega en pleno alto el fuego de 10 días entre Israel y…
El impacto del cambio climático sobre la salud en Europa ya es una realidad que…
El incidente ha interrumpido uno de los actos más simbólicos del calendario político y mediático…
La catástrofe de la planta ubicada en Ucrania —que entonces aún formaba parte de la…