Las amenazas que se ciernen sobre Europa

Se cumplen 40 años del ingreso de España y Portugal en la UE.

Ceremonia de firma de España en la Unión Europea en 1986
La entrada de España en la Unión Europea se hizo efectiva en 1986

Cuarenta años después del ingreso de España y Portugal en la UE, la Unión Europea afronta uno de los momentos más delicados de su historia reciente.

La presión de Estados Unidos, la amenaza rusa, el papel de China y el auge de fuerzas euroescépticas internas ponen a prueba la capacidad del proyecto europeo para sobrevivir sin renunciar a sus principios fundacionales.

La UE celebra cuatro décadas de ampliación ibérica en un contexto de máxima tensión geopolítica y cuestionamiento interno de su modelo político y económico

Atrapada entre la presión creciente de antiguos aliados y la guerra híbrida de rivales históricos, la Unión Europea (UE) vive un momento de máxima tensión diplomática.

Cuarenta años después del ingreso de España y Portugal en la entonces Comunidad Económica Europea resulta indiscutible el enorme avance económico, social y cultural que supuso la integración. Sin embargo, por primera vez desde entonces, el futuro de este gran proyecto de colaboración continental está seriamente amenazado.

Muchos expertos consideran que estamos en un proceso límite en el que se apuesta por más Europa, incluyendo un sistema de defensa propio, o se corre el riesgo de un desmantelamiento que es lo que persiguen sus rivales. Su capacidad de resiliencia está puesta a prueba.

Las críticas a Bruselas se intensifican mientras problemas estructurales como la vivienda o el auge del voto anti-europeo erosionan el consenso social

Los críticos acusan a Bruselas de burocracia. Cierto es que la Comisión intenta regular aquello sobre lo que tiene competencia, pero a veces se le escapan asuntos destacados, que, en épocas como la actual, son fuente de conflicto. La embestida de los jóvenes que apoyan partidos anti-europeos no la vieron venir.

La vivienda, que, entre las ofertas vacacionales y la escasa construcción, se ha convertido en un gravísimo problema en la mayor parte de las ciudades, no ha tenido una reacción contundente por parte de las instituciones comunitarias. A eso hay que unir la presión contra la inmigración irregular. Pero, sobre todo, lo que ha causado los destrozos más importantes es la tensión internacional derivada del cambio estratégico de Estados Unidos.

A la tímida reacción del presidente del Consejo, el socialista portugués Antonio Costa, y la presidenta de la Comisión, la conservadora alemana Ursula von der Leyen, a los reiterados ataques y desprecios de la nueva administración de Washington se une la presión de Moscú tanto con la guerra de Ucrania como con acciones puntuales de desestabilización interna (drones, ataques informáticos, desinformación). Sin olvidar a China que no es tan agresiva, pero tampoco un aliado, teniendo en cuenta que se trata de un régimen comunista en el que la democracia brilla por su ausencia.

El aislamiento estratégico de la UE se acentúa en un mundo que abandona el multilateralismo y las reglas comunes

LA HISTORIA

Surgida tras el monumental desastre de la II Guerra Mundial, la UE fue primero un experimento a partir de la industria del carbón y del acero (CECA) que en 1956 se transformó en un Mercado Común formado por seis países (Alemania, Francia, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo) que fue ampliándose hasta los 27 miembros actuales, tras la salida del Reino Unido en 2020 por el referéndum de 2016.

Basada en la democracia y la libertad del mercado, se ha convertido en una gran fuerza comercial que ha ido eliminando barreras internas (libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas) que la han propulsado como uno de los actores principales de la economía mundial. Hasta ahora.

El desarrollo europeo depende de un sistema defensivo articulado en torno a la OTAN que reúne 32 estados —entre los que no están todos los que integran la UE— liderado por Estados Unidos, que fue el principal actor para poner fin al dominio nazi en la II Guerra Mundial.

El principio básico es la defensa colectiva: una agresión a uno de sus miembros es considerada un ataque a todos. España ingresó en la OTAN en 1982 para abrirse el camino de entrada en la UE.

Durante los últimos 80 años Europa y Estados Unidos han colaborado activamente en ese marco en el que Washington ha sido el que ha aportado su poderío militar. Hasta ahora.

El modelo transatlántico que garantizó la seguridad europea durante décadas deja de ser operativo

PRINCIPIO DEL FIN

Ese modelo de colaboración entre Estados Unidos y Europa, basado en intereses comunes de defensa de la democracia y del libre comercio, ya no es operativo. Y Europa se resiente mucho más que los demás actores internacionales.

Básicamente la elección de Donald Trump ha cambiado el rumbo, por más que los actuales dirigentes europeos intenten agarrarse a los rescoldos de esa alianza que ha sido tan fructífera.

Se ha acabado el libre comercio y hoy el proteccionismo es una realidad creciente; la ideología y no las razones económicas rigen las relaciones comerciales, y la bilateralidad sustituye de manera muy rápida a las instituciones multilaterales como la ONU y todos sus organismos dependientes.

Está desapareciendo justo todo aquello que ha defendido con entusiasmo la UE desde el principio.

Dicho de otra manera, la UE ya es casi la única institución que impulsa las reglas que han definido las relaciones internacionales desde mediados del siglo pasado. Por tanto, tendrá que replantearse su visión del mundo aunando los criterios de 27 estados, entre los cuales crece el número de los que ven con simpatía lo que se propugna en Washington y en Moscú.

La presión exterior coincide con una fragmentación política interna que debilita la respuesta común

EL ACOSO DE LAS GRANDES POTENCIAS

Con el giro estratégico de Estados Unidos, la presión de Rusia —que desde 2022 ha iniciado una guerra en Ucrania a las puertas de Europa— y la escasa lealtad comercial y política de China, la UE está cada vez más sola. En Bruselas se percibe el acoso a la democracia y al estilo de vida europeo, tan envidiado en el resto del mundo. Autócratas, tiranos y absolutistas de todo tipo y condición quieren una UE débil y dividida, que sea presa fácil de sus megalomanías.

Solo así puede interpretarse el desdén, cuando no agresividad como en el caso de Groenlandia, con el que la nueva administración de Donald Trump ha tratado a la UE. El rencor de Putin con la Europa desarrollada y pujante, evidente. El cerco de Xi Jinping a los mercados y a los territorios pro-europeos, una constante.

Pese a esas amenazas externas, muchos expertos creen que el mayor riesgo viene de dentro. La proximidad del primer ministro húngaro, Viktor Orban, con las posiciones de Vladimir Putin y de Donald Trump son sobradamente conocidas.

Pero ahora se suman a ellas Chequia y Eslovaquia. Italia, gobernada por Giorgia Meloni, no está lejos, pero se mantiene en una posición más cauta, navegando entre dos aguas.

La posibilidad de que Marine Le Pen acabe gobernando en Francia no está tan lejana. En Holanda la extrema derecha es el segundo partido más votado, en Alemania también y sigue creciendo. La socialdemocracia está en pleno retroceso. De los países grandes solo resiste en España, pero en unas condiciones precarias, sin presupuestos y con muchos frentes judiciales abiertos. La Europa actual está en claro riesgo.

El equilibrio político que sostuvo la UE durante décadas se resquebraja

LA GESTIÓN POLÍTICA

Hasta ahora conservadores (PPE), socialdemócratas y liberales, con apoyos puntuales de los verdes, han sostenido el armazón de la UE. De hecho, dos de los tres grupos de extrema derecha del Parlamento Europeo han presentado mociones de censura contra Von der Leyen, que ha superado gracias al apoyo de los pro-europeos. Pero esa dinámica se está resquebrajando cada vez más.

Manfred Weber, jefe del grupo del PPE, conservador alemán también pero rival de Von der Leyen, se inclina con frecuencia a pactar a su derecha. Así ha logrado rebajar las medidas previstas hace dos años en el Pacto Verde para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

En general, mantiene un equilibrio inestable entre los europeístas y los grupos más radicales que han variado su postura tras el Brexit: hoy no defienden salir de la UE, prefieren debilitarla desde dentro.

En estas condiciones el tándem Von der Leyen-Costa —mucho más coordinado que en la etapa anterior— anda con pies de plomo para evitar más conflictos. No obstante, para los europeístas ha sido un trago muy duro el pacto firmado por la presidenta de la Comisión en julio en Turnberry con Donald Trump, que establecía aranceles del 15% a los productos europeos sin reciprocidad.

La defensa común se convierte en el principal reto existencial del proyecto europeo

LA DEFENSA COMÚN

El asunto más delicado es la defensa común. La Estrategia de Seguridad Nacional presentada por Washington considera que la UE erosiona la libertad política y apoya a grupos radicales de derecha en el continente.

El programa Rearme prevé movilizar 800.000 millones de euros hasta 2030, pero Europa no está en condiciones de garantizar su defensa si desaparece el apoyo de Estados Unidos. No existe mando unificado, ni cooperación plena entre ejércitos nacionales fuera de la OTAN.

Indicador Dato
Gasto militar UE en 2022 260.000 millones de euros
Gasto militar UE en 2024 380.000 millones de euros
Objetivo Rearme hasta 2030 800.000 millones de euros
Dependencia de compras Mayoritariamente EEUU
Mando militar europeo No existe

¿Qué pasará si Trump decide invadir Groenlandia, territorio vinculado a Dinamarca y parte de la UE y la OTAN? Probablemente Europa protestará, pero no intervendrá. Tendrá que aceptar los hechos consumados. Ese es, en definitiva, el verdadero reto de la UE.

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