La UE no encuentra soluciones para reducir los costes de la energía

Las obras de construcción del gasoducto Nord Stream 2 en Lubmin, en el noreste de Alemania, en una imagen del 26 de marzo de 2019

Obras de construcción del gasoducto Nord Stream 2 en Lubmin, en el noreste de Alemania, en una imagen del 26 de marzo de 2019

Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on reddit
Share on telegram
Share on email
Compartir en Meneame

Con los costes de la energía disparados en el continente, los líderes de la Unión Europea ya llevan dos cumbres sin alcanzar un acuerdo de mínimos sobre como enfrentarse a un problema de gran trascendencia social y económica. El Consejo Europeo celebrado el jueves en Bruselas, el último de este año, abordó de nuevo los costes energéticos con propuestas que permitan aliviar la presión “sobre todo a medio y largo plazo” según una fuente diplomática española. Las diferencias de criterio son tan enormes que ni siquiera pudieron firmar una de esas notas amables que solo dicen que seguirán trabajando en ello.

No está tan claro que la subida de los costes de la energía sea un problema puntual, alimentado por las diferencias geoestratégicas con Rusia, el principal suministrador de gas, e incrementado por el frio otoño y el duro invierno que se espera. O por conflictos como el de Argelia y Marruecos que afectan al suministro y le coste en nuestro país. Expertos españoles temen que esta subida pueda mantenerse en el tiempo y por eso quieren que Europa reaccione y plantee soluciones que no sean coyunturales.

En la reunión del jueves Polonia y la República Checa se opusieron a un posible entente porque no quieren vincular las soluciones a las propuestas contra el cambio climático que exige la Comisión Europea. Polonia es el mayor productor y el más dependiente del carbón y se verá obligado por esa normativa a una reconversión por la que ya han pasado otros muchos países -Bélgica, Francia, España y Alemania que está en la fase final de la producción de ese mineral- y es posible que sus dirigentes vean en esta crisis una cierta esperanza para mantener activas las centrales térmicas. El vicepresidente de la Comisión encargado del Pacto Verde, Frans Timmermans, las ha condenado al cierre con sus planes, pero los países del este, muy retrasados en implantar fuentes de energía limpias, se agarran a cualquier opción para alejar los cierres de minas y de centrales. Chequia, con menos producción, está de ese lado.

Bruselas ha encargado varios informes sobre el mercado energético que, de momento, no satisfacen a España porque “no reflejan la gravedad de la situación” según representantes del Gobierno y porque consideran la subida un hecho pasajero. Por lo tanto, a la espera de un tercer informe que aparecerá en primavera, la Comisión no ve la necesidad de revisar a fondo el sistema que rige actualmente el mercado energético. Y para España, pero también para Francia o Italia, las propuestas actuales son insuficientes. Hay que hacer más para evitar crisis como la actual.

TEMA COMPLEJO

Desde que estalló el coste energético España ha venido defendiendo soluciones comunes dentro de la UE que, hasta ahora, no han encontrado eco suficiente. Al menos ha conseguido que el asunto esté en la agenda comunitaria y que la Comisión ya haya aceptado, aunque a regañadientes, algunas de las propuestas de Madrid, como la compra conjunta -siempre voluntaria- de gas en situaciones de crisis como esta. Para España, que tiene una altísima dependencia de fuentes externas, cualquier cambio en los precios supone un problema agudo. Aunque el fenómeno ya es continental, no todos los países reaccionan de la misma manera.

Los del norte consideran que se trata de un problema puntual, de este invierno, y que probablemente se encauzará solo. Sin embargo, España, Italia, Francia y otros del Mediterráneo creen que puede extenderse en el tiempo y presionar al alza sobre la inflación en un momento delicado. Por eso plantean actuaciones que eviten en el futuro situaciones como la actual.

La energía tiene muchas derivadas. Para expertos diplomáticos españoles conocedores del tema “algunos países europeos ven bien la subida porque así es más fácil defender las ventajas de invertir en energías renovables”. Un reproche frecuente de estos países -con muchas menos horas de sol- a los mediterráneos es la escasa apuesta de estos hasta ahora por las renovables, aunque estas sigan siendo una solución insegura porque no siempre se puede garantizar que haya viento o sol.

Por otra parte, está la presión de las grandes empresas eléctricas. Cuentan con una gran capacidad de influencia en Bruselas y en cada uno de los países. Las energéticas están en pocas manos y muchas de ellas, como ha ocurrido con frecuencia en España, son una buena jubilación para exministros y altos dirigentes políticos. Y aunque ese no es un factor desencadenante de la crisis si puede serlo de resistencias importantes para buscar soluciones alternativas al actual sistema de mercado. No hay que perderlo de vista.

NUCLEAR

A ello se une la división sobre una de las energías más contestadas, pero también más eficaces: la nuclear. Mientras que Francia probablemente construya nuevas centrales según ha anunciado recientemente el presidente Macron, que considera que son mucho más limpias que la quema de gas o de carbón, otros países han anunciado su cierre definitivo como Alemania o Bélgica. En Holanda, uno de los que más apuesta por las renovables, el gobierno de centro derecha próximo a formarse probablemente mantendrá la propuesta de poner en marcha dos nuevos reactores nucleares. Los mismos que tiene previsto cerrar Bélgica los próximos años. Alemania mantendrá el compromiso de Angela Merkel del cierre de las nucleares después del accidente de Fukushima. Con Los Verdes en el tripartito que gobierna desde Berlín no hay ninguna duda de una apuesta por las renovables. Pero de momento depende del gas ruso.

La transición energética está vinculada también a la drástica reducción de los gases de efecto invernadero que Bruselas exige mediante el Pacto Verde y que va a suponer una colosal inversión durante los próximos años. Todavía esta semana Timmermans presentó más medidas y más contundentes para reducir las pérdidas de calor de los edificios actuales y la normativa para que las nuevas construcciones sean climáticamente neutrales. O para que el despliegue de electrolineras y despachos de hidrógeno sea una realidad inmediata para ir poniendo fin a los vehículos de combustión.

La descarbonización va a toda velocidad, pero no todos los países pueden mantener el ritmo que exige Bruselas. Y aunque existen compensaciones importantes -Polonia se llevará la mayor parte del Fondo de Transición Justa para paliar los efectos del cierre de minas- no serán suficientes para abordar todos los cambios necesarios.

Así que el precio de la energía ha destapado una caja de truenos para la que no hay una respuesta rápida ni fácil. En el próximo Consejo volverán sobre el asunto, salvo que, de aquí a entonces, la presión alcista de los precios, en especial del gas, se modere. Desde que España dio la voz de alarma a finales del verano la subida de los precios ha ido extendiéndose a todos los países y amenaza la recuperación tras la pandemia. Y con la inflación disparada y elecciones a la vista en varios estados miembros será un asunto sobre el que habrá que volver una y otra vez.