En los hospitales, clínicas, policlínicas y demás centros que prestan asistencia médica gratuita, las autoridades sanitarias de la isla han comenzado a entregar facturas simbólicas del coste total del servicio.
Tal decisión ha sido aplaudida por algunos y criticada por otros en las redes sociales.
Los que la celebran alegan de que ya era hora, -casi seis décadas después-, de que la gente conociera que tal proyecto resulta en extremo costoso, más ahora en una etapa de recesión donde importar algo a la isla hay que pensarlo dos veces.
Los críticos aseguran que la gratuidad es un espejismo porque con los impuestos se está pagando desde una simple consulta de oftalmología hasta una compleja operación cardiovascular. Y entre tantos ejemplos sitúan los elevados precios de artículos de primera necesidad que se deben adquirir en moneda convertible y no en la moneda con que reciben sus salarios.
Hasta el momento no ha aparecido una contrarréplica de una medida que va más allá de la decisión de un ministerio, para convertirse en una decisión política informarle al paciente que su placa de pulmones le cuesta tanto al gobierno.
A fin de cuentas, comienzan a aparecer problemas en nuestros hospitales por la falta de insumos y medicamentos y no están tan “enfermos” los que opinan que sin pasos audaces en la economía iremos de mal a peor y que la factura entonces será de temer.
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