Los hogares de un millón de niños y niñas vulnerables que disfrutan de esta ayuda en los días de clase se ven condenados a hacer malabares. Es la otra cara de las vacaciones escolares de Semana Santa. Así lo alertan desde Educo, que destacan que “algunas familias cuentan con la posibilidad de recibir ayudas para la alimentación durante estos días, pero son pocas las opciones y es difícil conseguirlas”.
“En general”, señala Pilar Orenes, directora general de la ONG de educación e infancia, “los niños y niñas no tienen asegurada esa comida completa y nutritiva que sí reciben en la escuela gracias a la beca comedor”. En su opinión, “es incomprensible que no haya una alternativa en las vacaciones escolares para todo el alumnado con beca, porque las dificultades económicas de sus familias son las mismas ahora que durante el curso”.
Y este problema no afecta únicamente a los menores con beca. A ellos hay que sumarle los que, a pesar de necesitar este apoyo económico, no lo tienen. Hay familias que no solo hacen malabares ahora en vacaciones para asegurar su alimentación, sino durante todo el curso escolar. Según cálculos de Educo, en esta situación está alrededor de 1,3 millones de estudiantes.
Ante esto, esta ONG reivindica el acceso al comedor escolar universal y gratuito para todo el alumnado, “empezando por la infancia más vulnerable que, a pesar de necesitar una beca comedor pública, no la recibe”.
En su opinión, “el comedor y el espacio del mediodía forman parte del derecho a la educación, ya que además de asegurar la alimentación, aprenden hábitos sociales y nutricionales, a resolver conflictos o a gestionar su tiempo de ocio, entre otros”.
En España, recuerda Educo, uno de cada tres menores vive en riesgo de pobreza o exclusión, “un dato que ha variado muy poco en más de una década”. Además, 450.000 niños, niñas y adolescentes no pueden comer carne, pollo, pescado o su equivalente en proteína vegetal cada dos días.
“La escuela asegura la comida del mediodía, y eso debería estar garantizado durante las vacaciones. No solo ahora, estos días de Semana Santa, sino también en las fiestas navideñas o en verano, donde ya no hablamos de una semana, sino 80 días”, defiende Pilar Orenes. Tal y como recuerda, “al cabo del año, son muchos días para las familias con dificultades económicas, a las que les cuesta llenar la cesta de la compra; ahora aún más, con la reciente subida de precios”.
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