La divergencia de la inflación entre países, ¿un obstáculo para que el BCE decida sus subidas de tipos?

La presidenta del BCE, Christine Lagarde

La presidenta del BCE, Christine Lagarde. Autor: BCE

El Banco Central Europeo (BCE) parece estar mucho más cerca de endurecer su política monetaria, pero un factor a tener en cuenta a la hora de afrontar futuras subidas de tipos es que nunca antes en la historia del bloque comunitario ha habido tal divergencia entre los datos de inflación de los países de la eurozona: mientras que en algunos supera el 12%, en otros las tasas están más cercanas al 3%, por lo que la institución que dirige Christine Lagarde deberá hilar fino a la hora de actuar.

“Actualmente existen enormes diferencias en las tasas de inflación entre los Estados miembros, desde un enorme 12,2% en Lituania hasta ‘solo’ un 3,3% en Francia”, señalan en un informe Bert Colijn y Carsten Brzeski, analistas de ING. “Si observamos la desviación estándar entre países, vemos que se trata de la mayor divergencia entre las tasas de inflación de los países desde el inicio de la unión monetaria en 1999”.

La “fuerte divergencia”, sin embargo, se debe principalmente a las diferencias de inflación energética entre los países. Estas diferencias se deben a cuatro razones principales, explican los expertos: “el aumento de los precios de mercado del gas natural se transmite a los consumidores con diferentes retrasos en los distintos países, la combinación de fuentes de energía es diferente, los gobiernos han puesto en marcha diferentes medidas de mitigación y la energía tiene una participación diferente en la cesta de la inflación en los distintos países”.

Al observar las desviaciones estándar de la inflación subyacente, “vemos que es mucho menos pronunciada y bastante similar a los picos anteriores experimentados a principios de 2020 y 2013”, añaden los analistas.

Además, “la actual crisis energética difícilmente puede ser abordada por la política monetaria. Un banco central puede hacer mucho, pero difícilmente puede llenar las reservas de gas o producir microchips”. Por lo tanto, “el BCE se fijará sobre todo en los indicios de sobrecalentamiento o bajo rendimiento de las economías, ya que esto es un importante motor de la inflación de la demanda”.

De hecho, a juicio de los analistas de ING, “la realidad es que la política de ‘talla única’ [del BCE] se ajusta cada vez mejor”. “Ciertamente, mejor que durante la crisis del euro y a principios de la década de 2000, tras la crisis de las puntocom. La mayoría de los países están cerrando rápidamente la brecha de producción, lo que indica que la inflación por el lado de la demanda está volviendo a medio plazo”. “Algunos países siguen llevando la delantera, por supuesto, pero los líderes y los rezagados parecen estar más cerca unos de otros que en crisis anteriores”, señalan Colijn y Brzeski.

Sostenibilidad de la deuda

Esto no significa que no haya riesgos de divergencia al endurecer la política monetaria, avisan los analistas. El principal riesgo está relacionado con la sostenibilidad de la deuda en los distintos países, “ya que los niveles de deuda han aumentado considerablemente en algunas economías de la eurozona”. “Un aumento de los tipos de interés no debería ejercer automáticamente presión sobre la sostenibilidad de la deuda, pero sí lo haría el fin de las compras de activos y el aumento de los rendimientos de los bonos. Esta es claramente la historia que se valora actualmente en los mercados de bonos y que se ilustra con la ampliación de los diferenciales desde la conferencia de prensa del BCE de la semana pasada”.

No obstante, “es cierto que los gobiernos han aprovechado el periodo de bajos tipos de interés para renovar la deuda y reducir los costes de la misma, y el vencimiento medio de la deuda pendiente es de aproximadamente ocho años. Por lo tanto, el impacto de unos tipos de interés más altos tardaría en ser perjudicial”, concluyen los analistas de ING.