La banca europea pide a Trump el mismo trato de favor que tiene Wall Street

Donald Trump, presidente de EEUU
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Tras casi dos años de tiras y aflojas, el presidente de EEUU, Donald Trump, cumplió su promesa electoral de deshacer en buena medida la regulación financiera que su predecesor, Barack Obama, había puesto en marcha en respuesta a la crisis. El resultado fue un alivio de los requisitos que debían cumplir los grandes bancos estadounidenses, pero las entidades extranjeras se quedaron fuera, algo que intentan remediar ahora con un intenso trabajo de ‘lobby’.

En mayo de este año el Congreso desmanteló en buena medida Dodd Frank. Entre otros aspectos, se elevó de 50.000 millones de dólares a 250.000 millones el umbral de activos para que una entidad sea considerada demasiado grande para caer. Esto supuso que los bancos con activos entre 50.000 y 250.000 millones vieron relajados significativamente sus requisitos de capital y regulatorios.

En esta categoría de activos se encuentran bancos europeos como Deutsche Bank, cuyo holding estadounidense tiene 188.000 millones de dólares en activos a 31 de marzo; Credit Suisse (99.000 millones); y Barclays (92.000 millones). También Société Générale, Natixis, Crédit Agricole y BNP Paribas, según publica Financial Times.

Llama la atención que no sólo los bancos europeos piden el mismo trato para sus filiales que la que disfrutan sus pares estadounidenses, sino que el Partido Republicano se ha unido a sus solicitudes, en un intento quizás de evitar que la norma se vuelva contra los bancos estadounidenses, penalizados por las regulaciones en los países en los que están presentes.

En una carta remitida por siete senadores estadounidenses republicanos a Randal Quarles, vicepresidente de Supervisión de la Reserva Federal, éstos argumentaban que los holdings de los bancos internacionales “deberían recibir un tratamiento regulatorio comparable al de los [bancos] estadounidenses de tamaño y perfil de riesgo similares”. Los senadores plantean las posibles represalias extranjeras por un trato desigual, advirtiendo que la supervisión de los bancos extranjeros “tiene implicaciones importantes (…) en cómo otros reguladores tratan las operaciones internacionales de los bancos estadounidenses que operan en el extranjero”.

“La adaptación adecuada [regulatoria] es esencial para que los bancos internacionales mantengan y hagan crecer sus negocios en EEUU y continúen contribuyendo al crecimiento económico y la liquidez del mercado”, valora en declaraciones a FT Briget Polichene, director ejecutivo del Instituto de Banqueros Internacionales (IIB por sus siglas en inglés), una asociación comercial que representa a bancos que operan en EEUU.

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