Kendrick Lamar, de nuevo en la cumbre con ‘Damn’

Kendrick Lamar

Algunos artistas hacen historia. Aupados por la veneración de sus contemporáneos y la certeza de que el futuro, las obras que han creado representarán una referencia clara del tiempo en que nacieron e ilustrarán a los pobladores del mundo en los tiempos venideros sobre las cosas que verdaderamente afectan y afectarán siempre al género humano.

Y hace tiempo que ciertos cultivadores de esas supuestas disciplinas menores, como el pop y la música supuestamente juvenil, accedieron al olimpo. Porque, quiérase o no se quiera, tan pop es el trabajo de Bob Dylan, el último Premio Nobel, como las genialidades de David Bowie o la música inmortal de The Beatles.

Cada poco, además, surge un nuevo aspirante a la gloria, con más o menos méritos o galones. Hombres y mujeres que despiertan una extraña unanimidad que pone de acuerdo a críticos y público sobre la transcendencia de lo que hacen. A la mayoría suele llevárselos y llevárselas el viento. Pero algunos sobreviven.

Y quizá Kendrick Lamar, lo consiga. O quizá no. De momento, lo que sí ha logrado es incluir el rap, o el hip hop, o como quiera que se llame la música que hace, a la categoría que tal vez le correspondía desde mucho antes. Pero faltaba un poeta de las rimas con incidencia social y credibilidad callejera. Y el ha ocupado el puesto.

Aliado con unos cuantos músicos de campanillas, en 2015, Lamar sorprendió al mundo con ‘To Pimp a Butterfly’, un álbum epatante, sorprendente, y revolucionario. A partir de ahí su magisterio y predominio sobre toda la música contemporánea es absoluto. Y completamente indiscutido.

No sólo en el entorno del rap. En todos los campos. Los hay más venderores como Jay Z o su esposa Beyonce. O más populares, como Bruno Mars o Kanye West. Pero nadie tiene ni la mitad de prestigio que Lamar. El es el espejo en el que todos se miran. Y sus discos marcan la tendencia.

Con todos estos antecedentes, a veces la música queda en un segundo plano. Más que nada porque es sólo un elemento más en el relato de la leyenda. Y cuesta tomar distancia para enfrentarse a ella sin tener en cuenta todo lo demás. Pero puede hacerse, por supuesto. Y la experiencia no decepciona.

No lo hace este ‘Damn’, el último disco publicado por Lamar, del que nos ocupamos hoy. Menos jazzístico y más pegado a las fórmulas habituales de este estilo. También menos social en los textos y mucho más filosófico y reflexivo. Aunque para disfrutarlos, hace falta la ayuda de un traductor ‘on line’ y un buen montón de paciencia.

Y, aunque esa barrera no sea un obstáculo insalvable, y menos en estos tiempos, si complica, o me complica, el disfrute completo de la obra, porque exige un poco más de esfuerzo del habitual. Cuesta concentrarse en la belleza de la oferta sonora y seguir a la vez la intensidad poética de unas canciones que pierden más de la mitad de su encanto si no se entienden.

Pero hay mucha belleza en este disco. Y Lamar recita con auténtico ‘flow’ concediendo el peso necesario a cada palabra. Y demuestra su estado de gracia al rodearse de los colaboradores que quiere sin tener en cuenta, para nada, como se lo tomarán o el respetable o los críticos.

Por eso aquí ha invitado a Rihanna, que lo borda en ‘Loyalty’, a Zacari y a U2. Si a U2, los denostados ídolos del rock de estadio, cuyo prestigio entre las nuevas generaciones que idolatran a Lamar estaba bajo mínimos. Por lo menos, hasta ahora. Hasta que el profeta les ha tendido su mano.

Y sí. Me gusta este disco. Aunque menos que ‘To Pimp a Butterfly’, un álbum que aún no he consegido digerir convenientemente. Lo admito. Tal vez porque es un trabajo muy serio y muy denso y mi capacidad de concentración se mueve a la baja con la edad. Lo mismo al final me quedo con este ‘Damn’.

La ventaja es que es más corto, sólo 55 minutos de música repartidos en 14 temas y más manejable. Aún así, les advierto que no intenten asimilarlo de una sola sentada. Hay demasiada tela que cortar para realizar una faena de alivio. Así que si van cortos de tiempo, mejor dejénlo pendiente hasta el verano.

Pero también tiene temas cortos y contundentes como ‘Humble’, mi canción favorita del disco, por el momento, que facilitan la asimilación. Tal vez les resulte un poco ‘ladrillo’, sin embargo, sobre todo si no están acostumbrados a escuchar música de este estilo. Y, a veces estas longitudes cuestan.

Hagan el esfuerzo, porque si no, van a tener muy pocas posibilidades de conectar con la música que viene. Y no hay nada más aburrido que volver a escuchar otra vez los grandes éxitos de las décadas prodigiosas. Al final tampoco lo fueron tanto. Eso sí. Algunos eramos más jóvenes y los recuerdos bellos siempre ayudan.