La noche del 31 de diciembre, el canal Educativo de la televisión cubana nos hizo el gran favor a quienes deseábamos tener un fin de año en la más absoluta tranquilidad. Tanto, que ni tan siquiera acompañado de los pocos amigos que quedan en pie por ley de vida y por ese éxodo sin precedentes que padecemos.
La programación del canal Educativo se desmarcó de los mensajes tradicionales de fin de año emitidos por otros canales
Fue el único canal que tal vez sin proponérselo tuvo en cuenta esa generación de niños que vimos nacer la revolución y ya, ancianos todos no nos queda otra alternativa que vivir de los recuerdos.
Dos horas con la música de la llamada Década Prodigiosa, esa que nos hizo soñar con los primeros amores en medio de situaciones de entrega total al proyecto revolucionario en los cortes de caña de azúcar, movilizaciones militares y otras tareas que marcaron nuestras vidas muy lejos de casa y familia.
Nada mejor que encerrarse frente al televisor y no seguirle el paso a esos consabidos y gastados mensajes que suelen aparecer en esas fechas porque eso de pronosticar salud, felicidad y prosperidad es lo más parecido a mencionar la soga en casa del ahorcado.
El contexto sanitario y económico condiciona la percepción de los mensajes habituales de fin de año
Salud necesitamos cuando las arbovirosis se han adueñado del país casi sin medicamentos para hacerle frente. Felicidad, pues habrá que encontrarla a como de lugar, y prosperidad estará en dependencia de los urgentes cambios que necesita nuestra economía.
Terminado el recital, básicamente de lo mejor de la música española de esas décadas, continuó esa ambivalencia de proseguir soñando despiertos: La cinta francesa El Conde de Montecristo o el regreso del héroe para castigar a los que mal le hicieron.
Y con el Conde nos fuimos a la cama cuando aún el reloj no marcaba las doce de la noche para recibir este 2026 con una irrefutable prueba o vaticinio de lo que nos espera: un sonado apagón a las siete horas de la primera mañana de este nuevo año.






