Moritz Erhardt, el joven alemán de 21 años que completaba un curso de verano en las dependencias de banca de inversión de Merrill Lynch en Londres, falleció tras mantener un ritmo de trabajo que le ocupaba hasta 22 horas diarias. Es decir, 110 horas a la semana.
Según informa el diario británico The Independent, Erhardt murió en la ducha de su apartamento después de llegar por tercer día consecutivo a su residencia de estudiantes a las seis de la madrugada, pocos minutos antes de comenzar de nuevo su jornada laboral. En la jerga financiera, el joven alemán practicaba la llamada «ronda mágica»; consiste en abandonar la oficina en taxi y hacer que éste espere fuera del apartamento el tiempo que uno tarda en ducharse y cambiarse antes de regresar.
Sin embargo, Erhardt llevaba cerca de siete semanas –la duración del curso- trabajando para Merrill Lynch y, evidentemente, no pasó todo ese tiempo sin dormir. Sin embargo, los testimonios recogidos por el diario británico entre sus compañeros de residencia apuntan a que el ritmo que llevaban los becarios de banca de inversión excedía, por norma general, el que practicaban los becarios de otros cursos: entraban a las seis de la mañana y muchos de ellos no abandonaban la oficina antes de las tres o las cuatro.
La muerte del joven alemán –licenciado por la Universidad de Michigan y a un año de graduarse en la escuela de negocios WHU Otto Beisheim, en Alemania- ha abierto ahora el debate sobre el ritmo de trabajo que existe en el gremio de la banca de inversión y, sobre todo, entre las jóvenes promesas que intentan hacerse un hueco en uno de los ambientes más competitivos del mundo.







