El candidato socialista a la presidencia de Francia y principal favorito en las encuestas tras ganar la primera vuelta de las elecciones, François Hollande, ha anunciado que si alcanza el poder está dispuesto a mantener con la canciller alemana, Angela Merkel, un diálogo «amistoso» para intentar fomentar el crecimiento en la zona del euro.
En una rueda de prensa, Hollande reafirmó su europeísmo (el cual ya pagó caro en su momento por apoyar el sí en el referéndum sobre la abortada Constitución europea) y dijo que no está por la labor de inscribir la regla de oro de limitación del déficit en la Carta Magna francesa. En su lugar, el socialista galo prefiere implantar una ley orgánica que obligue a mantener el equilibrio financiero.
Consciente de que otros jefes de Gobierno europeos están pendientes de sus resultados del 6 de mayo para buscar alternativas al ajuste puro y duro que propugna Merkel, Hollande plantea cuatro puntos a renegociar en el tratado que «el presidente saliente [Nicolas Sarkozy] firmó en Bruselas»: la emisión de eurobonos, el impuesto a las transacciones financieras, la apertura del Banco Central de Inversiones a la financiación y la movilización de los fondos estructurales congelados por la Comisión.
Además, Hollande apuesta por hacer frente a la especulación, concentrarse en la economía real y mantener el equilibrio entre el sur de Europa, «que se siente abandonado», y el norte, «que no quiere pagar por el sur». «Entre el cielo y el infierno está el purgatorio», sentenció Hollande para defender su vía alternativa a los rigores impuestos por Merkel y Sarkozy.







