Se mantiene la tensión entre Washington y Wall Street

La presión que ejerce Alemania sobre los países periféricos para que recorten gastos va demasiado lejos. El primer ministro de Portugal, el conservador Pedro Passos Coelho, se ha visto forzado a explicar públicamente este miércoles, a través de un artículo aparecido en el rotativo británico Financial Times, que su país podría necesitar nuevas ayudas internacionales a juzgar por el comportamiento de los mercados. No es el único que ha lanzado un aviso.

La ministra de Trabajo italiana, Elsa Fornero, ha explicado a corresponsales de la prensa financiera extranjera en una conferencia celebrada este miércoles en Milán que hay sobrados motivos para mostrarse escépticos a la hora de valorar la potencia de crecimiento de su país en el corto plazo. «No creo que haya muchas razones para ser optimistas al hablar de crecimiento», explicó al corresponsal de la agencia Dow Jones durante el acto esta ministra, que cobró fama internacional hace unos meses cuando rompió a llorar tras anunciar una ola de recortes sociales a la ciudadanía.

«En un período de incertidumbre no existen las garantías. Hay tantos factores que escapan a nuestro control que nadie puede hacer predicciones con un mínimo de certidumbre», ha señalado el dirigente luso en el artículo del periódico británico. Luego prosigue: «Por este motivo tenemos que aceptar que podríamos necesitar el apoyo de nuestros socios internacionales para que extiendan sus ayudas si las circunstancias que escapan a nuestro control obstruyen el regreso de Portugal a los mercados». Este regreso está, en teoría, previsto para el año que viene.

El 7 de abril de 2011 -es decir, hace un año-, las autoridades portuguesas solicitaron a Bruselas, al Banco Central Europeo (BCE) y al Fondo Monetario Internacional (FMI) un rescate financiero valorado en 78.000 millones de euros. En aquel momento la prima de riesgo lusa se encontraba en los 532 puntos básicos y la tasa de desempleo se situaba en el 12%. Tras recibir las ayudas requeridas y aplicar las medidas de austeridad exigidas por Berlín, la prima de riesgo se sitúa ahora por encima de los 1.100 puntos básicos y la tasa de paro se ha incrementado hasta el 15%. Unas circunstancias que impiden al país buscar financiación en los mercados.

La esperanza de muchos ciudadanos europeos se encuentra en estos momentos depositada en el candidato socialista a la presidencia de Francia: François Hollande. El aspirante galo ha prometido que, de alzarse con la victoria en los comicios del próximo 6 de mayo (la primera vuelta se celebrará el 22 de abril), llevará a Berlín un plan en el que las medidas para fomentar el crecimiento económico del Viejo Continente sean prioritarias frente a la política de austeridad que ahora impera en la región por mandato de Angela Merkel.

Las autoridades democristianas alemanas, con Merkel a la cabeza, sostienen que a cambio de los rescates financieros aprobados hasta el momento (dos han ido a parar a Grecia, uno a Irlanda y otro a Portugal), cuya mayor parte ha costeado Alemania, estos países y otros que se encuentren bajo la presión de los mercados, como España o Italia, deben aplicar duros recortes para, una vez recortado el déficit público por debajo del 3%, empezar a crecer de nuevo. Pero, tal y como advierte Passos Coelho en su carta, esta misión quizá resulte demasiado complicada.